Sevilla: Morante Incendia, el Palco Enfría la Gloria de Roca Rey

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En una tarde de alta expectación en la Real Maestranza, Morante de la Puebla firmó una obra cumbre que le valió dos orejas, mientras la presidencia negó la segunda a un poderoso Roca Rey en una decisión polémica. David de Miranda, firme y entregado ante el lote más deslucido, arrancó una oreja de mérito en una corrida de Garcigrande con matices y tres toros de interés.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Arbeláez – Colombia. La Real Maestranza de Caballería de Sevilla vivió un Domingo de Resurrección de fuerte contenido emocional y técnico, donde el pulso entre arte, poder y criterio presidencial marcó el devenir del festejo. Con el cartel de “No hay billetes” colgado y el albero condicionado por la humedad, la corrida de Garcigrande ofreció un encierro de comportamiento desigual, aunque con tres ejemplares que permitieron el lucimiento en distintos registros.

Morante de la Puebla, en su esperada reaparición, desplegó una tauromaquia de altísimo voltaje artístico en el cuarto de la tarde. Tras un primer toro sin recorrido ni opciones, el sevillano encontró en “Gentil” un oponente con el que pudo desarrollar una faena de construcción medida, basada en la inteligencia de los terrenos y el temple en la conducción. Desde el recibo capotero, donde ya dejó destellos de su concepto al reducir el viaje del astado, hasta un quite que cambió el signo de la tarde, Morante impuso su sello.

Con la muleta, el trasteo tuvo un marcado carácter de lidia clásica: cites frontales, embroques medidos y un dominio del tiempo que sostuvo la emoción pese a la condición intermitente del toro. Cada serie fue cincelada desde la verticalidad, con un toreo asentado, de muñeca baja y trazo largo, llevando la embestida cosida a la franela hasta donde la raza del astado lo permitía. La estocada rubricó una obra de gran exposición y autenticidad, premiada con las dos orejas, en una concesión indiscutida por su profundidad estética.

En contraste, el episodio más controvertido de la tarde lo protagonizó Andrés Roca Rey. El peruano, fiel a su tauromaquia de sometimiento y dominio, construyó en el quinto una faena de creciente intensidad, transformando la condición inicial del toro, más pronto que bravo, en una embestida entregada a base de mando y colocación. Las series, ejecutadas con la mano baja y gran ajuste, tuvieron un componente de riesgo evidente, siempre en el sitio exacto para provocar la acometida.

La estructura del trasteo fue claramente ascendente, conectando con los tendidos en los compases finales bajo el acompañamiento musical. Sin embargo, pese a una petición mayoritaria y sostenida, la presidencia decidió no conceder la segunda oreja, generando una evidente división de opiniones. La negativa del palco, en una petición comparable a la otorgada anteriormente, reabrió el debate sobre los criterios de concesión y la interpretación del reglamento en plazas de primera categoría.

Por su parte, David de Miranda firmó una actuación de gran firmeza y compromiso frente al lote menos propicio del encierro. En su primero, un toro sin fijeza ni entrega, apenas tuvo opciones de construir faena. Sin embargo, en el sexto bis, el onubense tiró de valor seco y técnica depurada para imponerse a un astado desfondado y de embestida incierta.

Desde el inicio por estatuarios en los medios, donde sufrió una voltereta sin consecuencias, De Miranda dejó claro su planteamiento: someter a base de cercanías y precisión. Con un toro que nunca terminó de humillar ni de seguir la muleta con claridad, el diestro optó por acortar distancias y afinar los toques, logrando arrancar muletazos de mérito en un contexto adverso. La faena, de gran contenido humano y técnico, fue coronada con una estocada eficaz y premiada con una oreja de peso.

El encierro de Garcigrande, bien presentado, aunque desigual en hechuras y comportamiento, ofreció un abanico de matices que exigieron recursos a la terna. Destacaron especialmente el segundo, cuarto y quinto, mientras que otros ejemplares acusaron falta de fuerza, mansedumbre o escasa transmisión.

En suma, Sevilla asistió a una tarde donde el arte inspirado de Morante alcanzó cotas de excelencia, el poder de Roca Rey chocó con el criterio del palco, y la firmeza de David de Miranda encontró recompensa en medio de la adversidad. Un inicio de temporada que, más allá de los trofeos, dejó una profunda huella en la memoria colectiva del toreo.

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