La tauromaquia venezolana atraviesa horas de máxima zozobra. En medio de versiones sobre un drástico giro político y una emergencia nacional sin precedentes, las ferias de San Cristóbal y Mérida, columna vertebral del calendario taurino, caminan entre la prudencia, la parálisis y la incertidumbre absoluta.
Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Cajicá – Colombia. La fiesta brava en Venezuela vuelve a plantarse, una vez más, frente al toro más áspero de su historia reciente: la inestabilidad política. Pero lo que hoy se vive tras las versiones que sacuden al país, marcadas por un presunto quiebre del poder y la narrativa de la captura de Nicolás Maduro por instancias internacionales, supera el ya habitual compás de espera al que el sector se había resignado durante años. Esta vez no se trata solo de sobrevivir al día a día, sino de resistir en medio de un escenario que amenaza con desbordar todos los chiqueros.
La tauromaquia, que siempre ha sido termómetro social y cultural, siente con crudeza el impacto de un país que amanece sin certezas. Empresarios, ganaderos, toreros y aficionados miran el calendario como se mira un ruedo en penumbra: sabiendo que el pase puede venir, pero sin saber desde dónde embiste la realidad.
SAN CRISTÓBAL: CARTELES EN FIRME, AMBIENTE EN GUARDIA
La Feria Internacional de San Sebastián de San Cristóbal ha sido, por ahora, la única que ha mostrado muleta al frente. Con carteles anunciados y fechas fijadas para los días 29, 30 y 31, la empresa ha decidido mantener el pulso y lanzar la promoción, como gesto de normalidad en medio del vendaval político.
Sin embargo, bajo esa aparente firmeza late un clima de cautela extrema. Nada está escrito en piedra. La logística, la seguridad, los permisos, la movilidad del público y la propia respuesta de la afición dependen de un contexto que puede cambiar de un momento a otro. San Cristóbal avanza, sí, pero lo hace con el compás corto, midiendo cada paso, consciente de que cualquier sobresalto institucional puede dejar la plaza en silencio.
MÉRIDA: EL SILENCIO QUE INQUIETA
Si San Cristóbal camina con tiento, Mérida permanece prácticamente en tablas. La Feria del Sol, históricamente el gran escaparate taurino del país y referencia obligada del pulso nacional, es hoy el mayor signo de interrogación. A estas alturas, lo normal sería contar con carteles oficiales y estructura definida; en cambio, solo han trascendido algunos nombres sueltos, Emilio de Justo, Tomás Rufo, Jesús Enrique Colombo y Olga Casado, esta última anunciada como debutante, sin confirmación formal del abono.
La falta de comunicación por parte de la empresa, que también gestiona San Cristóbal, alimenta la sensación de parálisis. Mérida llega tarde a su propio reloj taurino, lastrada no solo por la coyuntura política actual, sino por antecedentes recientes que ya habían complicado su organización. El silencio, en este caso, suena más fuerte que cualquier clarín.
UN PAÍS EN SUSPENSIÓN, UNA FIESTA SIN RED
La incertidumbre no se limita a las grandes ferias. Festejos menores previstos para este mismo fin de semana también están bajo lupa, pendientes de decisiones que no dependen del toro ni del torero, sino de decretos, permisos y condiciones mínimas de seguridad y estabilidad. La inseguridad jurídica y la fragilidad económica pesan como una losa sobre cualquier intento de planificación.
Desde el punto de vista empresarial, la tauromaquia venezolana se mueve hoy sin red. Durante años aprendió a sobrevivir “al día”, ajustando presupuestos, acortando carteles y apostando por la fidelidad de una afición resistente. Pero el escenario actual multiplica los riesgos: invertir sin horizonte claro es, para muchos, un salto al vacío.
¿CAMBIO DE ERA O PARÓN INMEDIATO?
Paradójicamente, el mismo escenario que a medio plazo podría abrir expectativas de renovación cultural y mayor libertad para la fiesta brava, a corto plazo provoca el efecto contrario: freno de mano, prudencia y espera. Nadie sabe si los próximos días traerán estabilidad o mayor convulsión, y esa falta de certidumbre es letal para una actividad que necesita tiempo, planificación y confianza.
Las ferias de San Cristóbal y Mérida, llamadas a marcar el inicio de temporada y a sostener la ilusión taurina del país, están hoy en el aire. El reloj avanza, los toros están reseñados en la memoria de los aficionados y Venezuela sigue sin respuestas claras. En este ruedo político, la tauromaquia aguanta de pie, pero con el alma en vilo, esperando que el pase definitivo no llegue por el lado más incierto.
























