Sí. El año pasado terminé bachiller. La selectividad cayó entre la encerrona de Madrid y la alternativa, así que decidí no presentarme. Los estudios siempre estarán ahí; el toreo es un tren que pasa una sola vez en la vida y hay que agarrarse fuerte. No descarto retomarlos porque formarse es importante, pero hoy el toro me absorbe las veinticuatro horas.
¿Querías ser periodista?
Sí, era una de las opciones. Me gusta bastante hablar. De pequeño incluso hacía relatos para el periódico del colegio.
¿Qué cosas te dan pena perderte?
Te pierdes algunos momentos. Recuerdo los viajes de fin de curso en la ESO: no me podía permitir estar diez días fuera sin entrenar. También los veranos despreocupados de mis amigos. A veces da rabia. Pero no me da pena, porque estoy viviendo la vida que he soñado. El toreo me ha permitido viajar por América con dieciocho años, conocer otras culturas y madurar de una forma única.
El toreo me ha permitido viajar por América con dieciocho años, conocer otras culturas y madurar de una forma única
¿Qué escucháis en la furgoneta? Salte del tópico del flamenco.
Te estaría mintiendo (risas). Me gusta bastante viajar, me divierte y me hace pensar mucho. Duermo en el coche, que es importante para un torero. Veo vídeos de toros y escucho mucha música, sobre todo reguetón. Quevedo es mi cantante favorito. También escucho a Myke Towers y Rusowsky. Cuando necesito subir las pulsaciones tiene que aparecer el reguetón. Siempre que voy a ducharme, antes de torear, lo pongo con el altavoz a tope y mi madre me dice que baje el volumen. Me gusta para meterme en mi mundo. Mientras me voy vistiendo voy virando al flamenco.
¿Te afectan más los triunfos o los fracasos?
Las tardes de triunfo dan felicidad, pero las que más me han hecho evolucionar son las difíciles. Cuando las cosas no salen como quieres te replanteas todo. Yo me crezco y entreno más. Un ejemplo fue la encerrona de Madrid: aunque el resultado numérico no fue el deseado, muchos maestros y ganaderos me llamaron para mostrarme su respeto. Eso, a veces, pesa más que las orejas.
¿Sientes que el aficionado te respeta de verdad o crees que todavía pesa lo de ‘niño prodigio’?
Esta temporada está siendo de reivindicación respecto a eso. He podido placearme en muchos ruedos y coger oficio. Un punto de inflexión muy importante fue Bilbao: toro de mucho trapío y público exigente, con criterio. Demostré que también respondo delante del toro grande. Noto un gran respeto entre aficionados y, especialmente, entre los toreros, que es lo que más me llena. Además, yo no me considero un niño prodigio. He sido un chico normal y corriente, con mucha afición, que ha trabajado bastante. Intento mantenerme al margen de los comentarios, positivos o negativos.
Aquí has caído de pie: ¿qué suponen Murcia y la Región para ti?
Murcia es especial, y no lo digo por quedar bien. Toreé aquí como novillero y el año pasado debuté como matador. Este año vuelvo tras actuar en Lorca y Cieza. El público mediterráneo es muy pasional. Desde que llegas a la plaza te acogen de una forma única. En pocos sitios he vivido esa entrega tan grande de la afición. Es una de mis tierras talismán.
Un gran sueño es salir por la puerta grande de Las Ventas en mi confirmación
¿Cuáles son tus ambiciones?
Todavía me queda un largo camino, con muchos errores que corregir. Estoy entusiasmado por seguir evolucionando. La ambición ahora es acabar esta temporada de la forma más rotunda posible. Un gran sueño es salir por la puerta grande de Las Ventas en mi confirmación: sería un paso importante y un broche de oro a mi primer año como matador. Pero el principal objetivo es seguir disfrutando cada día que me visto de torero y sentir cómo la gente se vuelca conmigo.
¿Qué me dices de la ambición artística?
Estoy en busca de mi concepto, aunque tengo claro cuál es: me gusta el toreo clásico, hondo, profundo y de sentimiento. Quiero ser un torero con capacidad para plantarle cara a todo tipo de toros y triunfar, pero también ir mostrando asentamiento en los embroques, ser circular y con improvisación. Con los toros difíciles, tener recursos para salir airoso; y con los que ofrecen posibilidades, torear como emociona de verdad.
No sé si tu madre estará escuchando, pero: ¿tienes tiempo para el amor?
[Risas] La verdad es que no. Tampoco lo he buscado. El momento que vivo es para estar muy centrado. He decidido entregarme por completo a la profesión, que me exige esa responsabilidad, y tengo que ser consecuente con ello. La vida es larga y hay tiempo para todo, pero ahora toca aprovechar esta etapa. Estoy feliz así.
¿Sientes la necesidad de poder equivocarte, de tener derecho al fallo propio de los dieciocho años?
Vivimos en una sociedad impaciente que no te da tiempo a madurar. Entiendo que la gente te apriete y te exija porque quiere verte en tu máximo rendimiento. Muchas veces me he dicho: «Llevo un año de alternativa, esta es mi primera temporada completa como matador y no dejo de tener dieciocho años». Es natural equivocarse y evolucionar. Sé que me miden así porque comparto cartel con las máximas figuras, y es lógico que me exijan. Al final, el sitio te lo tienes que ganar.