La Feria Taurina de Manizales 2026 cerró con una premiación que exaltó la técnica, la bravura y la autenticidad del toreo: David de Miranda se alzó con la Réplica de la Catedral por una faena de alto vuelo; Santa Bárbara fue distinguida como mejor ganadería; Emerson Pineda, mejor subalterno; y Olga Casado, mejor novillera, en un fallo que ratifica la vigencia del rigor taurino en la capital caldense.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Manizales – Colombia. La Premiación de la Feria Taurina de Manizales no es un mero acto protocolario: es el veredicto que fija en la memoria colectiva lo mejor de una feria que, año tras año, se mide con la vara alta del clasicismo y la verdad. En Manizales, donde la tauromaquia se vive con respeto litúrgico y exigencia técnica, los premios no se conceden por aplausos efímeros sino por faenas estructuradas, toro íntegro, ejecución precisa y emoción sostenida. Así lo entendió el jurado conformado por María Carolina Andrade, Roberto Herz y Alberto Carrasquilla, conocedores del oficio y garantes de un criterio que honra la historia de la plaza.
Entre los galardones, la Réplica de la Catedral de Manizales ocupa un lugar simbólico y jerárquico. No es solo una estatuilla: representa la conjunción perfecta entre toro y torero, el instante en que la técnica se pone al servicio del arte sin renunciar a la verdad del riesgo. Se otorga a la mejor faena de la feria, aquella que condensa temple, mando, colocación y lectura exacta de la embestida. En 2026, el premio recayó con justicia en David de Miranda, por la faena firmada el 6 de enero al toro “Serrano”, número 111, de la ganadería Santa Bárbara. Fue una labor de pulso firme, muleta mandona y trazos largos, con series bien ligadas por ambos pitones, que sometieron la nobleza encastada del astado y elevaron la emoción de los tendidos. De Miranda entendió al toro desde el primer muletazo, lo llevó cosido a la tela y rubricó una obra de hondura y sentido clásico.
La mejor ganadería también fue Santa Bárbara, reconocida por el encierro lidiado el 6 de enero de 2026. El fallo subrayó la presentación, la seriedad y el juego de un conjunto que respondió con bravura, recorrido y transmisión. En tiempos donde la integridad del toro es el eje de cualquier feria que se respete, Santa Bárbara sostuvo el tipo, dio opciones a los lidiadores y confirmó que la cabaña brava es pilar irrenunciable del espectáculo. La regularidad del encierro, la movilidad y la respuesta en varas fueron determinantes para un premio que reconoce el trabajo silencioso del campo.
El galardón al mejor subalterno fue para Emerson Pineda, cuya actuación a lo largo de la feria se distinguió por la eficacia, la colocación y el oficio. En banderillas, midió tiempos y distancias; en la lidia, aportó orden y solvencia; y en los terrenos comprometidos, mostró valor sereno y conocimiento del toro. El premio reivindica la importancia de los hombres de plata, verdaderos arquitectos de la faena que sostienen el andamiaje técnico para que el torero pueda construir su obra.
Por su parte, Olga Casado fue proclamada mejor novillera, confirmando que la cantera sigue viva y con argumentos. Su paso por Manizales dejó constancia de concepto, valor y proyección, con una tauromaquia fresca pero asentada en fundamentos: buen manejo de los toques, claridad en los cites y una ambición medida que conectó con el público sin perder la compostura. El reconocimiento no solo premia una tarde, sino un futuro que asoma con personalidad.
La premiación de 2026, en suma, ratifica el ADN taurino de Manizales: aquí se premia la verdad, se distingue la excelencia y se honra al toro. La Catedral vuelve a erigirse como símbolo de una feria que no negocia su identidad, donde los jurados fallan con criterio técnico y donde los nombres premiados quedan inscritos por mérito propio. Manizales, una vez más, habló con claridad: cuando hay toro y hay toreo, la historia se escribe sola.























