Una tregua forzada después del vértigo

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Redacción: Javier Fernández Caballero

Se rompió la racha que llevaba la feria. La buena y la mala. Todo en clave de intensidad, como si la plaza no conociera el término medio. Pero la cuarta corrida cambió el guion. Esta vez, tras tres tardes, tres puertas grandes, tres toreros heridos y tres aguaceros, para alivio de toros el equipo médico no tuvo que trabajar y tampoco nos mojamos en la plaza, pero el precio a pagar fue que el triunfo se hizo esquivo. Lo que sí llegó fue un desfile de toros sin raza, sin celo y, en su mayoría, sin entrega. La expectación, tan alta como el listón dejado por los días anteriores, se fue diluyendo en una tarde que prometía emoción, pero acabó marcada por la impotencia.

Marco Pérez, que abría cartel por la vía de la sustitución (ante la baja de Talavante), encontró en el primero un enigma con patas. El toro salió descompuesto, se arrancó a correr y dio hasta cinco vueltas al ruedo sin atender a nada. Cuando por fin se asentó algo tras la vara, Marco bordó un quite por delantales, media y revolera. Intentó llevarlo a los medios, pero el toro se rajó y se refugió en tablas. Bajo el Tendido Joven, que hoy celebraba su tarde grande, el salmantino encontró el modo: tapándole la cara y dándole los tiempos, le sacó una tanda limpia y templada. Hubo conexión, pero no continuidad. El acero evitó un posible premio. Su segundo fue aún peor: un toro huidizo, sin intención de pelea, que hizo que Marco lo persiguiera más que lo toreara. Ni la variedad capotera del quite de oro logró salvar una faena sin opciones.

El cartel incluía a dos novilleros en la feria (curiosamente mayores en edad que el matador de toros), con desigual resultado. Felipe Miguel Negret lidió un sobrero en su primer turno tras devolverse el segundo por manso, pues no cabe otra explicación para tal decisión. El ejemplar, aunque de pobre presencia, embistió con nobleza, pero el colombiano no supo imponer su mando. Sin estructura ni temple, la faena se esfumó por el boquete de la inexperiencia. Se puede entender. El quinto, sin embargo, fue un gran ejemplar: «Rogel«, número 300, bravo, pronto, con humillación. Pero el joven novillero volvió a mostrar limitaciones. A pesar de su voluntad y de que, mediada la faena, encontró el ritmo que le permitió acompañar con cierto temple las buenas embestidas del de Gutiérrez, pareció verse superado con tanta calidad. Hubo buena intención, pero poco fondo, mientras «Rogel» seguía pidiendo guerra en los medios. Por eso el pañuelo que asomó desde la presidencia fue para premiar con la vuelta al ruedo al de Gutiérrez.

Olga Casado, por su parte, dejó la mejor impresión. Al tercero lo saludó con un farol y verónicas medidas, antes de dibujar un quite por gaoneras. El novillo era noble y agradecido, y Olga construyó una faena templada y limpia, siempre bien colocada, con suavidad y elegancia. Pinchó dos veces antes de matar, pero el público reconoció la faena con un trofeo y el novillo fue premiado con la vuelta al ruedo. El sexto, en cambio, no le permitió nada: un manso con movilidad sin celo, que pedía una muleta autoritaria. No la hubo. La espada la condenó a los tres avisos.

Así fue la tarde: una tregua forzada después del vértigo. Sin drama, pero también sin emoción. Aun así, hubo chispazos que sostuvieron la tarde en pie. No todo se perdió. Manizales sigue, y aún hay mucho por contar.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Manizales, Colombia. Cuarta de la Feria del Café. Corrida mixta. Casi lleno.
Toros (1º y 4º) y novillos (2º bis, 3º, 5º y 6º) de Ernesto Gutiérrez.

Marco Pérez, palmas tras aviso y ovación
Felipe Miguel Negret, silencio tras aviso y silencio
Olga Casado, oreja y palmas tras tres avisos

 

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