Tarde de contrastes en Manizales con un encierro de Ernesto Gutiérrez de juego desigual, donde hubo momentos de buen toreo, pero el desacierto con los aceros y algunas decisiones polémicas desde el palco terminaron condicionando el balance artístico de la corrida.
Redacción: Jerónimo Baquero Toro
Manizales – Colombia. La jornada taurina vivida en la capital caldense, marcada por el hierro de Ernesto Gutiérrez, fue un carrusel de emociones en el que la disparidad del comportamiento de los astados y la falta de contundencia con los aceros terminaron por definir el resultado final de la terna, dejando sensaciones encontradas en los tendidos.
Marco Pérez abrió plaza con un primero abanto, falto de entrega y de escasa casta. A pesar de las evidentes limitaciones del burel, el joven torero dejó muestras claras de su calidad y concepto, especialmente en un quite por chicuelinas de buen trazo y en una faena de muleta basada en la despaciosidad, el temple y el mando. El fallo a espadas le negó cualquier premio, siendo reconocido con palmas. Con su segundo, el cuarto de la tarde, un manso que soltaba arreones y buscaba la huida, Pérez apeló a la honradez y al oficio para arrancar muletazos de mérito, resolviendo finalmente con una estocada eficaz.
El episodio más controvertido del festejo lo protagonizó Felipe Negret. La incomprensible devolución del segundo toro titular, ordenada desde el palco, desató el desconcierto general. Ante el sobrero (2.º bis), un animal con teclas, pero con fondo de clase, Negret logró tandas limpias y bien estructuradas, aunque el desacierto con la espada transformó lo que parecía una ovación segura en una sonora bronca tras escuchar un aviso. En el quinto, un toro bravo, pronto y con transmisión, el torero mostró su versión más sólida, cuajando tandas templadas por ambos pitones. Sin embargo, una estocada trasera dejó el resultado en una división de opiniones.
La triunfadora numérica de la tarde fue Olga Casado. Con el tercero, el ejemplar más completo del encierro por su fijeza, clase y ritmo, firmó una auténtica faena de feria. Desde los faroles de rodillas en el saludo hasta una labor de muleta bien ordenada, con gusto y conexión con los tendidos, la novillera supo aprovechar las virtudes del astado. A pesar de los pinchazos previos a la estocada, paseó una oreja tras escuchar un aviso. En el sexto, un animal manso, deslucido y huidizo, Casado volvió a dejar constancia de su oficio y capacidad de lucha, logrando extraer muletazos donde parecía no haber nada. No obstante, el verdugo volvió a ser el acero, escuchando los tres avisos antes de saludar desde el tercio.
























