Una tarde de reconocimiento, entrega y silencios amargos en el ruedo: el Tendido Joven rindió homenaje a los Toreros de Plata, mientras la lidia fue reflejo fiel de la profesión, con labores concentradas, ejecuciones de mérito y los inevitables sinsabores que deja la falta de fortuna cuando un colega se juega el tipo.
Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Manizales – Colombia. La plaza fue escenario de una jornada que trascendió el simple desarrollo del festejo. El Tendido Joven, en gesto cargado de sensibilidad y memoria taurina, rindió un merecido homenaje a los Toreros de Plata, esos hombres que sostienen la lidia desde la sombra, y de paso brindó calle de honor a Ricardo Santana y al cuerpo médico, al cumplirse un año del infausto accidente que marcó a la afición y reafirmó la importancia del valor solidario en la Fiesta.
Desde que se abrió plaza, el tono de la tarde quedó marcado por la concentración absoluta en las labores y por ese poso de sinsabor que aparece cuando la suerte no acompaña, aun cuando la técnica y la disposición están presentes. Con el primero, Reinario Bulla se mostró profesional en el primer encuentro con el castigo, aunque la vara salió desprendida y obligó a rectificar. La acción fue saludada apenas con tibias palmas, reflejo de un público exigente. En la brega, Carlos Rodríguez Garrido firmó una actuación muy buena y oportuna, poniendo orden, temple y sitio al burel. En banderillas, Antony Dicson dejó un buen par en el su primer encuentro; en el segundo, la ejecutoria fue correcta, pero sin resultados. Héctor Fabio Giraldo ejecutó con buena forma, lástima que los palos no quedaran en el primer intento; en el repaso, con dificultad, logró dejar uno.
El segundo toro encontró a Luis Viloria acertado en el puyazo: vara pelín desprendida, sí, pero rectificada con oficio y medida justa, administrando el castigo con conocimiento. Fue justamente aplaudido. En la brega, Emerson Pineda se mostró oportuno, templado y eficiente. Jhon Jairo Suaza firmó un excelente primer par; en el segundo, buena ejecución, aunque nuevamente la mala suerte hizo que los palos quedaran desprendidos. Arley Gutiérrez se la jugó con decisión, bien en la ejecutoria, dejando un palo que supo a poco por la entrega mostrada.
El tercero de la tarde quedará grabado por lo bueno y por lo amargo. Hildebrando Nieto ejecutó una vara bien medida, pese a que el toro llegó a medio relance, demostrando pulso y serenidad. José Calvo cumplió en la brega. En banderillas, Iván Darío Giraldo dejó un buen primer par y, en el segundo, un gran par que terminó en percance. Al momento de auxiliar al compañero de cuadrilla, Juan de Castilla fue prendido, sufriendo fractura expuesta de tibia y peroné y cornada en el muslo, episodio que heló la plaza y recordó, con crudeza, el precio de la profesión. Andrés Herrera ejecutó bien la suerte, aunque los palos no quedaron.
En el cuarto, el turno inicial era de Edgar Arandia, pero el toro acudió a Luis Viloria, que guardaba la puerta, y este respondió con una buena vara, sacando recursos y oficio de la improvisación. Jhon Jairo Suaza volvió a lucir en la brega, y Emerson Pineda dejó un buen par. No tuvo fortuna Arley Gutiérrez en su turno, otra muestra de que en la lidia no siempre gana quien mejor se expresa.
El quinto fue terreno para el lucimiento del caballo. Efraín Ospina cuajó una gran vara, toreando con la cabalgadura, señalando y propinando un puyazo bien dosificado, de esos que construyen faena desde el castigo. Román se encargó de la brega. En banderillas, Carlos Rodríguez y Héctor Fabio Giraldo firmaron grandes pares, levantando el ánimo de los tendidos y reivindicando el peso específico de la Plata.
Cerró plaza William Torres, que recibió muy bien al burel y dejó una vara pelín desprendida, rectificando con solvencia. Algunas palmas reconocieron el esfuerzo. Emerson Pineda cumplió en la brega, correcto y sin excesos. Andrés Herrera dejó un par eficiente, y Arley Gutiérrez rubricó un gran par, asomándose al balcón, poniendo emoción y riesgo al final del festejo.
Como incidencia final, en el tercero de la tarde Iván Darío Giraldo recibió una fuerte paliza tras caer en la cara del toro al salir del embroque cuando terminaba de parear. A falta del parte médico oficial, se informó que llegó a la enfermería por sus propios medios, gesto que resume el espíritu de una tarde dura, intensa y profundamente humana.
Fue, en definitiva, una jornada donde la técnica, la entrega y la solidaridad brillaron tanto como los silencios amargos que deja la mala suerte. Una tarde que recordó que, en la Fiesta, más allá de los aplausos, pesa, y mucho, la Plata.
























