Borja Jiménez evitó el naufragio en la tercera corrida de abono de la Temporada Taurina de Manizales
Borja Jiménez fue el tercer triunfador de la Temporada Taurina de Manizales al cortarle las dos orejas a su toro Callado de 482 kg de la ganadería de Las Ventas del Espíritu Santo.
Redacción: Víctor Diusabá Rojas
El premio estaba al final del agua que cayó sin cesar y de la falta de fondo de la corrida. Así, valió esperar. Incluso, la gente se fue mojada, pero feliz. Al fin y al cabo, en los toros, el orden de los factores sí altera el producto. Y esa imagen, la de la puerta grande y las palmas en el arrastre, resultó ser la imagen última, esa para llevar a la casa.
Por eso, hay que comenzar de atrás para adelante, con ese último de la tarde que tuvo la codicia y la entrega que tanto escaseó en sus hermanos. Y delante de él, un torero: Borja Jiménez. El de Espartinas lo recibió con fe de carbonero y temple digno de grandes causas. Quedó claro ahí, en ese instante, que la tarde podía elegir otro camino al que parecía estar condenada, el de la inanidad.
Ya con la muleta en las manos, Borja supo que si bien había recurso digno de administrar, debía no caer en exageraciones ni en probaturas. Entonces hizo de su toreo una lección de eficiencia, sin que eso mismo cayera en lo rutinario.
Por el contrario, le dio importancia al de Las Ventas del Espíritu Santo, para decirle a los tendidos que todo lo sucedido con los toros hasta el turno anterior era pasado y que ahora él escribía el futuro. Y la gente estuvo de acuerdo. La emoción y la alegría llegaron juntas, más allá de estar mojados hasta los huesos, junto a dos orejas justas y a un arrastre entre palmas del ejemplar.
Un turno antes, José Arcila había escrito, con la herida fresca de la cogida sufrida en la lidia de su primer toro, un capítulo de valor y afición. El plan del torero de la casa funcionó: edificar una faena contra las adversidades de la mansedumbre, su limitación física y el ambiente gris en los tendidos por la seguidilla de reveses en la mayoría de turnos anteriores. Voluntad y decisión arrojaron una oreja de mérito.
Antonio Ferrera también dejó huella en ese noble primero al que pasó por el cedazo de su depurada técnica para hacerlo ver mejor de lo que realmente era. Oreja.
Los toros de Las Ventas del Espíritu Santo prometieron mucho desde su impecable presentación. Sólo que, a excepción de ese del colofón, se quedaron en eso, en lámina. Les faltó motor. En general, quisieron pero no pudieron.
Ficha de la corrida
- Toros de Las Ventas del Espíritu Santo
- Bien presentados, pero escasos de fuerza y sin fondo, a excepción del bravo sexto.
- 446, 476, 458, 442, 444 y 482 kgrs
Antonio Ferrera – Grana y oro: Oreja y silencio.
José Arcila – Fucsia y azabache: Ovación y oreja.
Borja Jiménez – Champán y oro: Palmas y dos orejas.
























