Morante: Despierta a Sevilla

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Morante de la Puebla - Ap

Morante: la noticia que sacude al toreo y despierta a Sevilla

Sacudió al toreo como un trueno en mitad de la madrugada. No era exactamente una reaparición, pero lo parecía. Morante de la Puebla había cerrado una temporada y se disponía, entre dudas, silencios y una incertidumbre que parecía no tener fin, a afrontar otra. En ese espacio suspendido entre un adiós y un regreso, cuando todo podía ocurrir y nada estaba claro, irrumpió lo inesperado.

El 5 de abril, Domingo de Resurrección, volverá a abrirse la puerta de cuadrillas para él. Morante caminará de nuevo hacia el sol de la Maestranza, acompañado por Roca Rey y David de Miranda, para enfrentarse a un encierro de Hermanos García Jiménez. Cinco tardes ha pactado el maestro para dejar su huella en la temporada sevillana. Cinco latidos, cinco estaciones, cinco maneras de decir que sigue siendo él quien dicta su propio compás.

La noticia, adelantada en X por Vicente Zabala de la Serna, cayó como una pedrada en un estanque quieto. Su corte de coleta, aquel gesto que pretendía cerrar un ciclo, se deshizo como papel mojado. Quedó en apenas un símbolo, un capricho del destino o de su propio carácter: tan firme para despedirse como para volver.

Pero el regreso de Morante es algo más que el anuncio de un torero que vuelve. Es el soplo que aviva la llama del abono de 2026, la pieza que faltaba para que encajara el rompecabezas de la nueva era maestrante. José María Garzón, al frente de la plaza tras casi un siglo de la gestión Pagés, anota su primer triunfo antes de que su tiempo haya empezado oficialmente.

Los carteles verán la luz el lunes 9 de febrero, en una gala multitudinaria en el Cartuja Center. Allí se reunirán voces y miradas de la cultura, la política, la sociedad y el toreo. Será un acto que no solo presentará una feria: presentará un tiempo nuevo, una página que se abre, un templo que cambia de manos sin perder su alma.

Y en el centro de todo, como un faro inevitable, Morante.
El torero que se fue sin marcharse, el que vuelve sin haber regresado del todo, el que convierte cada gesto en un misterio y cada paso en un relato.

Y Sevilla, que lo intuye, ya respira otra vez al ritmo de su sombra.

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