Tres lecciones sobre lidiar y triunfar

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Tres lecciones sobre lidiar y triunfar en la cuarta corrida de la Temporada Taurina de Manizales

Marco Pérez, Daniel Luque y Luis Bolívar salieron en hombros anoche de la Plaza de Toros de Manizales, luego de cortarle cada uno las dos orejas a sus ejemplares de la ganadería de Juan Bernardo Caicedo.

Reducción: Víctor Diusabá Rojas

Tres lecciones a cargo de tres maestros. Y tres puertas grandes, como consecuencia. Así se saldó la penúltima de abono, con otro protagonista: un encierro bien presentado de Juan Bernardo Caicedo JB, con tres toros que dejaron huella, uno más que los otros dos.

Las manos de los toreros fueron definitivas. No cabe duda de que sin ellos el resultado hubiera sido muy diferente. Al fin y al cabo, Luis Bolívar, Daniel Luque y Marco Pérez, cada uno a su manera, ayudaron, a rescatar lo que los toros de Juan Bernardo Caicedo llevaban en sus reservas de bravura.

Antes de eso, hay que decir que la presentación del encierro no tuvo reparo, aparte de que las hechuras permitieron soñar y, luego, sacar el mayor provecho, a los alternantes.

Luis Bolívar debió trabajar el doble para conseguir su cometido de triunfar. Desde un principio, el primero de la tarde no quiso emplearse a fondo, por eso no hubo otro camino que enseñarle el camino a punta de oficio y de un sabio manejo de las distancias y de los tiempos. El recetario funcionó parcialmente. Sólo que la espada no cobró lo que merecía Bolívar.

Por ello, Luis debió poner todo las fichas al cuarto, uno de JB que tuvo movilidad mas no la decisión de ir siempre con resolución tras los engaños. Había que limar ese y otros defectos. Otra vez Bolívar usó el manual que ha escrito a lo largo de tantos años de ponerse ahí, en el sitio donde se ejecuta la verdad. Su faena estuvo hecha de esfuerzo y tesón, aunque, sobre todo, de cabeza fría. Ahí labró la puerta grande.

La de Daniel Luque fue la del lidiador por excelencia. Las suertes, desde la primera hasta la última, incluidas las ‘luquesinas, tuvieron un grado cercano a la perfección, sin que el lucimiento fuera el gran propósito. Más bien, el torero andaluz tenía como prioridad sujetar al toro, para luego ponerlo a girar en torno a él, en muestra simultánea de mando y aprovechamiento del recurso. Así pasó, pese a que todo sucedió en terrenos cortos, donde resultaba casi imposible mantener el temple. Al final, la muleta terminó inmaculada y las dos orejas no tardaron en asomar en el palco luego de espada a ley.

Marco Pérez es una incontestable realidad. Otra vez lo mostró ante un público que lo adoptó de niño y ahora lo mira como el hijo que crece y se abre paso a un futuro grande. Como si no le pesara estar ante dos hombres avezados como lo son sus compañeros de cartel, hizo del tercero de la tarde una extensión de sus manos, porque, primero, se hizo a él y, enseguida, lo puso a crecer como espuma. Faena de grande, que ya lo es, con claras señales de hacer de este, un año para entrar entre lo más reputado del escalafón.

El quinto, sobrero de Las Ventas del Espíritu Santo, no valió pese a los nuevos esfuerzos de Luque. Y el sexto amenazó con ponerse difícil ante las cuadrillas de Marco Pérez, pero luego resultó manso sin peligro e insustancial.

Ficha de la corrida

  • Cinco toros de Juan Bernardo Caicedo y uno de Las Ventas del Espíritu Santo, lidiado en quinto lugar.
  • 444, 442, 444, 448, 448 y 446
  • Bien presentados y de juego desigual. El tercero fue premiado con la vuelta al ruedo.

Luis Bolívar – Grana y oro: Palmas y dos orejas.
Daniel Luque – Marino y oro: Dos orejas y palmas.
Marco Pérez – Grana y oro: Dos orejas y palmas.

Puertas grandes

A la puerta grande de ayer, se suman las de David Galván, David de Miranda y Borja Jiménez.

 

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