De Reparto en el Festival: El Valor Que el Ruido no Deja Ver

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Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Manizales – Colombia. En el rito taurino hay labores que no buscan el aplauso inmediato, pero sin las cuales la corrida carece de orden, sentido y verdad. La noche reciente volvió a confirmarlo: mientras desde algunos sectores del tendido brotaban pitos ligeros y desorientados, las cuadrillas se entregaban con valor seco, conocimiento del toro y profundo respeto por la lidia. Picadores, banderilleros y peones de brega asumieron su papel con profesionalismo, aun cuando el público no siempre supo leer la dimensión de su esfuerzo.

Con el primero de la noche, la suerte de varas abrió el debate. Luís Viloria, en su primer encuentro con el burel, dejó un puyazo trasero que generó reacción en los tendidos; sin embargo, en su segunda entrada corrigió con solvencia: colocó el puyazo en su sitio, aguantó el tumbo y se mantuvo firme pese a quedar a merced del toro. Eso es la vara bien entendida: medir, templar y sostenerse en el momento crítico. En la brega, Carlos Rodríguez realizó un trabajo templado, oportuno y justo, llevando al toro por donde convenía y sin castigos innecesarios. El tercio de banderillas fue de alto contenido: Jhon Jairo Suaza y Anthony Dicson expusieron, se asomaron al balcón y clavaron con verdad, siendo justamente aplaudidos por el público.

Con el segundo de la noche, Reinario Bulla dio una auténtica lección de valor. Aguantó el arreón del burel y dejó una vara medida en el morrillo; posteriormente soportó un nuevo empuje prácticamente solo con la cabalgadura, sin ampararse en la vara. Una acción de enorme mérito, incomprendida por parte del respetable. Alex Benavidez realizó una brega adecuada a la condición del toro, administrando terrenos con inteligencia. En banderillas, José Chacón dejó con habilidad el primer par, y Héctor Fabio Giraldo colocó el segundo con limpieza y oficio.

En el tercero de la noche, Matías Bernal dejó dos buenas varas, bien colocadas y funcionales para la lidia, que, incomprensiblemente, fueron pitadas por el público. Emerson Pineda resolvió con solvencia en la brega, siempre bien situado. Miguel Ángel Sánchez y Andrés Herrera cumplieron con eficacia en banderillas, prontas y hábiles, sin alargar el tercio.

Con el cuarto de lidia ordinaria, un lance al relance llevó al toro a jurisdicción de Luís Viloria, quien cuidaba la puerta. El picador cumplió con la vara antes de que el burel fuera devuelto. Una intervención breve, pero que exige reflejos, responsabilidad y conocimiento del terreno.

En el cuarto bis, Efraín Ospina dejó primero un refilón al relance y luego una buena vara, de las que fijan y ordenan al toro. Una labor pitada por el público general, pero correctamente valorada por el aficionado entendido. Destacó la muy buena brega de Jhon Jairo Suaza: templada, ordenada y justa. Carlos Rodríguez y Anthony Dicson ejecutaron un gran tercio de banderillas, reunido y expuesto, que esta vez sí fue ovacionado por la parroquia.

Con el quinto de la noche, Agustín Romero fue derribado al recibir al burel, alcanzando apenas a dejar un picotazo. La caída no resta mérito cuando se va de frente y se asume el riesgo. En la brega, José Chacón mostró profesionalismo y temple, corrigiendo terrenos y dando estructura a la lidia. Alex Benavidez y Héctor Fabio Giraldo firmaron un tercio de banderillas aplaudido y bien ejecutado.

Con el toro que cerró plaza, Adelmo Velásquez debía ejecutar la suerte de varas, pero el burel acudió con violencia al picador de puerta, quien respondió con un gran puyazo, con tumbo incluido. Una vara recia, de las que pesan en el comportamiento del toro y cierran la corrida con verdad. Buena brega efectuó Miguel Ángel Sánchez y buenos pares de banderillas Emerson Pineda y Andrés Herrera.

La reflexión es obligada. Las cuadrillas no son un trámite ni un simple acompañamiento del matador: son la columna vertebral de la lidia. La vara bien puesta, la brega inteligente y las banderillas ejecutadas con exposición y verdad merecen respeto y conocimiento. Los pitos fáciles, lanzados sin criterio, empobrecen la Fiesta y desconocen el valor de quienes se juegan la vida para que el rito tenga sentido. Porque cuando el ruido se apaga, lo que queda es el oficio… y anoche, las cuadrillas lo demostraron con creces en el ruedo.

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