Decepción ganadera y la terna de vacío en Manizales

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Foto: Rodrigo Uurrego B.

Decepción ganadera y la terna de vacío en el regreso de César Rincón a Manizales

No se cortaron trofeos, ni se mató con acierto, y los dos únicos novillos que apuntaron algunas cosas buenas se lesionaron durante la lidia.

Redacción: Paulo Andrés Sánchez Gil

Ni los utreros de Juan Bernardo Caicedo, ni los de Ernesto Gutiérrez funcionaron, y se cargaron el festival taurino en el que por una noche reaparecía el maestro colombiano César Rincón en Manizales. No se cortaron trofeos, ni se mató con acierto, y los dos únicos novillos que apuntaron algunas cosas buenas se lesionaron durante la lidia.

Eso sí, hay que decir que la primera faena del festejo, de César Rincón, emocionó, llenó los ojos, y el sentimiento; desde el asentado tercio de capa, templado y bien rematado luego con las chicuelinas al paso y la larga con que puso en suerte al animal para la vara, hasta las tres series con la derecha y la vibrante serie por naturales, la plaza se volcó con el maestro. El toro fue manso y buscó tablas, pero en manos de Rincón hasta de largo se arrancó en la tercera serie, porque esa condición nunca fue impedimento en la larga y exitosa carrera de Rincón para obtener los triunfos, pero hoy emborronó con la espada la importante faena y dos bajonazos si fueron impedimento porque trazaron la ruta expedita para que pasara el tiempo eterno y se hiciera todo un barullo y tuviera que irse vivo el toro a los corrales.

Y llegó a voltear la suerte con el cuarto, no a reivindicarse ni siquiera a justificarse, una figura de su dimensión no tiene nada que demostrar ni justificar en un festival, y la plaza se llenó a instancias de su anuncio, se trataba de agradecer y dieciocho años después, presentarle a las nuevas generaciones que nunca lo vieron torear, a la gran figura de Colombia de todos los tiempos. Y fue un cuarto bis con el que apenas pudo cuajar un tercio de capa notable a la verónica, ahí el toro iba y volvía, porque en la muleta fue todo mansedumbre y no dio ninguna opción a Rincón, que es doctor en poderle a los mansos. Tampoco tuvo acierto con la espada, y Rincón, nuestro símbolo en la tauromaquia universal, se fue silenciado de su fugaz reaparición.

Sebastián Castella tampoco tuvo novillos con qué lucir su madura etapa, el segundo de la noche era incierto, sin clase, ni codicia. Hizo lo que mejor pudo hacer con el poderoso comienzo de faena genuflexo, para ponerse a continuación a torear con la izquierda entre los medios y el tercio. El novillo, fue otro manso sin clase, pero en manos de Castella pareció mejor, y esa faena fue un invento del torero, que derrochó poder y temple al hilo de las tablas porque el toro rajado desde el inicio de la faena, solo se movió allí.

En el quinto, el primer tercio generoso de Castella tuvo variedad y encaje, se le vio a gusto en los medios desgajando el repertorio capotero al torero francés.En la muleta se impuso el criterio de Castella que le tapó los defectos y le empalmó al menos cuatro series con la mano derecha, y cuando mejor iba la faena, el toro se lesionó y la estocada no fue efectiva y apenas en el segundo intento con el descabello logró pasaportarlo.

Juan Ortega también se quedó con el toreo atragantado, porque en el tercero el toro manseó desde el inicio de la faena, y no bastó el temple de Ortega para revertir la desazón. Nada que hacer. El que cerraba el festejo alcanzó a ilusionar, había iniciado poniendo condiciones el torero y arrancó un par de series con la derecha, pero este también se lesionó la mano derecha, y debió abreviar.

Manizales (Colombia). Viernes, 9 de enero de 2026. Quinta de feria. Festival nocturno a beneficio del Hospital Infantil Rafael Henao Toro de la Cruz Roja de Caldas. Novillos de Ernesto Gutiérrez (1º, 3º, 4º bis y 5º) y de Juan Bernardo Caicedo (2º, 4º, y 6º). El cuarto titular fue devuelto sin justificación más que la bronca del público. Todos mansos en diferente categoría. Solamente aplaudido en el arrastre por virtud de Castella, el quinto. César Rincón, silencio tras tres avisos y silencio; Sebastián Castella, silencio tras aviso y silencio; y Juan Ortega, silencio y silencio. Entrada: Lleno.

 

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