Sevilla: A Vida Por Vida

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Dos orejas para Roca Rey corneado en la suerte suprema de tremenda faena. Vuelta al ruedo para Zulueta, y silencios a Manzanares. Desrazados victorianos… 

Redacción: Jorge Arturo Díaz Reyes – https://todotoroblog.blogspot.com – Web Aliada

Cali – Colombia. Las imágenes de Roca Rey, en lo alto, peleando engarzado y zarandeado largamente por los pitones del poderoso quinto; “Soleares”, negro, cinqueño, con 521 kilos, de Victoriano del Río, fueron pavorosas, y evocaron las de Paquirri en los cuernos de “Avispao”.

La estocada completa en la cruz, después de haber cumplido a ley la suerte suprema, para cerrar dignamente una faena triunfal, sobre un toro enrazadísimo, de máxima exigencia, con el que había disputado el terreno milímetro a milímetro. El peruano ha honrado, el glorioso santoral de la Fiesta, se ha honrado a sí mismo, y a honrado a su patria. Pero lo épico que estuvo no puede tapar lo torero que es, de pies a cabeza.

La corrida, octavo “No hay billetes” de la feria, venía mal. Decepcionante. La falta de bravura y emoción del encierro, la había sumido en un marasmo. Lo más destacado había estado a cargo de él mismo con el segundo, poniéndose muy por encima de su estulticia. Pero lo pinchó, saliéndose, hay que decirlo, y aunque al segundo viaje se tiró en corto y por derecho, la espada en sitio tardó y la cosa quedó ahí, silenciosa, como si nada hubiese pasado.

Entonces saltó el del drama. Todo lo contario del anterior. Prontitud, codicia, poder e imponencia. Cinco delantales y dos medias jaleadas le reciben. José Manuel Quinta le picotea dos veces pasándolo crudo. Lo brinda a El Juli –—Maestro, en homenaje a sus tres décadas como primera figura del toreo —Le arroja la montera, y de inmediato se va a los medios se arrodilla y espera el galope desde las tablas, que más que galope parecía el avance imparable de un tren pitando. Cuatro veces por la espalda, tres por el pecho, una en redondo, y dos forzados, impactaron en el tendido, y la banda atacó de una. Eso es un brindis.

Once pases en redondo ligados en dos tandas, rematadas con el cambio por la espalda y el de pecho, elevaron el voltaje a niveles letales para la sorprendida concurrencia. Tras insistir de a pares por el cazador pitón izquierdo, un desarme, la banda calla, pero una nueva serie redonda la pone a soplar otra vez. Y el pide que se calle. Le obedecen y sin ella trascurre una faena fogosa y estética, con esa estética tan suya, nada retórica, basada en el riesgo y la verdad, en la quietud y el mando extremo.

El toro exigía mucho, y él podía mucho, en jurisdicción de cacho. Al final, cuando “Soleares” pareció rendirse a la autoridad superior, entonces se le fue encima, se le metió en la cuna, y desde allí le obligó en dos circulares invertidos, y en una larga serie pallá y pacá de dominio total por los dos pitones. Todo estaba hecho. La Maestranza, que le había mostrado una hostilidad selectiva en sus dos presentaciones anteriores, ahora estaba rendida a sus pies. No sabían dónde ponerlo.

Citó en los medios, se tiró frontal a volapié, clavó el estoque limpiamente, hasta los gavilanes, en el hoyo y al tiempo la cabezada, abandonó la muleta, lo enganchó y comenzó esa escena miedosa que ya describimos al principio. Además, todos la vieron y la vivieron. Los que no, ahí está el video. Se lo llevaron, y él solo miraba el toro, el gran toro, que al final dobló, y las dos orejas que recibió su banderillero “Viruta” que fue con ellas presuroso a la enfermería. Pero cuando llegó ya lo estaban operando, No supo.

Cómo de folletín, como de novela, si hubiese sido como en las épocas de El Espartero, seguramente hubiese acabado igual que “Sangre y arena”. Por fortuna hoy la ciencia y la cirugía permiten finales menos trágicos. Luego, la plaza estremecida, vivió solidaria la brega estoica del Joven Javier Zulueta con el marrajo sexto, que lo buscó desde la portagayola hasta la estocada. Que fue un bajonazo chalequero. Como sería la cosa, que le obligaron a dar la vuelta al ruedo. Cuando la cuadrilla de Andrés, acéfala se retiraba, la ovación decía todo el respeto y admiración por la gesta de su matador herido. Manzanares, como si no hubiese venido.

Ficha del Festejo

Sevilla. Jueves 23 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 13ª de abono. Nubes. Lleno de “No hay billetes”. Seis toros, tres de Victoriano del Río, y 3º, 5º y 6º de Cortés con 538 kilos promedio, bien presentados, mansos, excepto el 5º.

José Mª Manzanares, silencio y silencio. Andrés Roca Rey, silencio tras aviso, cornada y dos orejas. Javier Zulueta, silencio y vuelta al ruedo. Incidencias: Ovacionado el picador Carioca Paco en el 6º. Se desmonteraron Curro Javier y Maguilla tras parear al 6º. Roca Rey cornead por el quinto fue operado en la enfermería de la plaza.

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