Consejos a los espectadores de las corridas de toros en 1938 / Relato de Cañero II, un aficionado a los espectáculos taurinos
Un lector, bajo el seudónimo de «Cañero II», nos ha enviado el siguiente artículo sobre la forma como deben verse las corridas de toros.
Redacción: Cañero II – 1938 eltiempo.com
las tardes de toros asisten curiosos y asisten aficionados, estos en enorme minoría. Los curiosos gritan, vociferan o aplauden frenéticamente, mientras los aficionados de verdad aprueban o sancionan una faena con la gran sabiduría del silencio, «más elocuente que la palabra». El aficionado de verdad se disgusta (y por ende el artista ejecutante) cuando el curioso, errando como las más de las veces sucede, desaprueba una excelente faena o aplaude una chambonada. ¡Qué taurina fuese una tarde con todo un público enterado!
En la corrida, en la super-corrida del pasado domingo, saltó a la vista la ignorancia de muchos gritones: «malo, malo, que metan esos bueyes», exclamaban algunos, sin comprender que era una res encambrada precisamente por su superior bravura; «malo, malo», a un par de banderillas por la izquierda y asomándose al balcón. Leed, leed, gritones, y luego concurrid a las corridas.

Foto: EL TIEMPO
Tres reses le corresponden en este próximo y esperado domingo al maestro ídem, y tres al valiente Noaín, pero, querido lector, y creo que usted lo sepa, la presidencia no puede disponer que Ortega se las entienda con 4, con 5 o con los 6, lo mismo que tampoco podría ordenar que los lidiase todos Noaín. Tampoco puede ordenar, causa hilaridad la solicitud, que se saquen las reservas para prolongar la tarde. Asimismo, una faena ordenada por la presidencia no puede suspenderse porque a Rodríguez se le antoje.
El capote
El toreo moderno, a partir de Belmonte, ha reducido esta suerte casi exclusivamente a la verónica y a la media verónica. La presidencia pasada se vio en la obligación (a mi modo de ver) de acortar bastante este cuarto para entrar en las varas. Lástima. Sin embargo, los matadores nos deleitaron alargando de su cuenta la faena. Ojalá en la próxima veamos chicuelinas, de costado, gaoneras, mariposas y delantales: no soy retrógrado, pero «nadie» me hace olvidar estas artísticas suertes.

Foto: EL TIEMPO
Las varas
Dos varas excelentes vimos el 27: una de Artillero y otra de Emilio. La pica tiene algunos enemigos, pues dicen que es un sacrificio repugnante. No, rotundamente no.
Si a Artillero y a Don Valor los cabalgamos quijotescamente, adiós Rocinante y cuídense bastante, queridos picadores. Pero si a los mismos les damos una jaca de fuerza, que sepa qué llamamos ayudas y que entienda de rienda, con seguridad veremos excelentes varas, sacando la cabalgadura ilesa por la izquierda, como manda el reglamento. Las varas son necesarias; no pida que esta suerte se destruya; pida buenas cabalgaduras. Al menos una en la tarde para cada picador.
Las banderillas
Los rehiletes emocionan más al curioso que al aficionado; a mí me encantan. Por eso quisiera ver nuevamente a David Liceaga, por no poder admirar a Joselito o a Gaona. El domingo pasado Gaonita puso tres superiores, destacándose el segundo. David puso dos, cambiando de flanco, demostrando gran facilidad. Las de Noaín ya fueron juzgadas.

Foto: EL TIEMPO
La muerte
La muleta es, con el estoque, el arma para matar. La muleta prepara y engaña en el momento máximo. Los pases de muleta con la izquierda reciben el nombre de “naturales”, de modo, amigo, que es barbarismo decir “un natural con la izquierda” y es aún peor, por errado, decir “natural con la derecha”. Estimo los molinetes en lo que valen y por eso, con mayor razón, sé elogiar la artística, bella, sevillana y valiente faena que nos mostró Morenito, en la cual se destacaron varios naturales, un obligado y dos molinetes de rodillas, a lo Armillita, otra figura que debe traerse a Bogotá.
Para decir verdad, la faena de Morenito en el inolvidable “Tramilla” ha sido una de las más alegres y sevillanas que he visto. Morenito, cuájate un poco más y te colocarás en uno de los puestos altos de la torería; sigue así con tu muleta e imita a Ortega con el capote, pues en las verónicas no se ha visto nada en el mundo superior a Ortega.Que el toro caiga o no a la primera estocada o que pinche el matador es cosa que poco le interesa al aficionado enterado; para plagiar diría: “pincha, Ortega, pincha”, y esto para que siga con la res toda la tarde. Al aficionado le importa que no haya cuarteo, que no haya martingalas, que el torero entre derecho, que el matador exponga. Lo demás lo hace la res. Las hay cobardes que se tienden a quejarse del dolor con una leve estocada y aun con un pinchazo: “está muerto”, gritan, y el toro está vivo; otros, más valientes, están muertos a la primera estocada y siguen en pie, reclamando más estocadas o la puntilla certera. Y el público, errando, grita: “malo, malo”.

Foto: EL TIEMPO
La oreja no se pide para el matador que despache al animal con una estocada; se pide para aquel que haya dominado desde que la lidia comienza. La entrega de la oreja no debe vulgarizarse.
Para terminar, deseo muy buena suerte al maestro Ortega. Buena suerte a Noaín, valiente, corajudo; a David, Artillero, Emilio, y a todos aquellos valientes que nos deleitarán el domingo.
























