Castella, obra magna en Manizales
El francés deja su actuación más sentida en esta plaza en una tarde pasada por agua en la que cortó una oreja al igual que Juan Ortega y David de Miranda
Largo recital, series de buen toreo a raudales, sin afanes, escogiendo de nuevo a Manizales para ese intimismo que lo devuelve a la vida, que lo descubre en esencia. Desde las verónicas plantado en los medios, en el platillo, donde eligió como terreno para su obra mayor, hasta el recital de temple, hondura y mano baja con la muleta. Con la derecha, su versión más estética y desmayada, con la izquierda su versión más honda. Faenón por donde se le mire. Tanta verdad hubo en la faena, que cuando quiso despejar el terreno moviendo la montera al tercio en medio de las dos rayas, la dejó boca arriba, como había caído por azar, que cuando al fin dobló el toro lo besó en gesto de gratitud porque era ese toro que le había permitido sentir como pocas veces el toreo, hacer realidad de nuevo ese sueño de torear para si mismo, lejos de trofeos, cerca de sensaciones personales. Pinchar la faena de la feria es anecdótico, nada más. Hoy se cerró la feria con una obra con la firma de Sebastián Castella.
Ya había cortado una oreja del primero, comenzando con un buen tercio de capa, seguro, mandón, variado, rematado con una lucida larga cordobesa. Muleta en mano, la primera serie para entender al toro, su fondo y su nobleza, dos series por derecha macizas, luego al natural rotundo, otra por la izquierda menos sólida. De nuevo la derecha pero menos limpia porque el toro punteaba los engaños, pero Castella repuso y mandó en el final de faena antes de ir por la espada y cerrar con reposadas manoletinas.
OJO A ORTEGA Y DE MIRANDA
Juan Ortega cortó una oreja al segundo de la tarde, y qué buen sabor a dejado en esta plaza, con rumores de retorno; eso pasa cuando la puerta queda entreabierta y existe conexión con una plaza y su afición. Toreó muy despacio a la verónica. El toro recibió una buena vara de Matías Bernal. Ajustadas las chicuelinas y la media verónica del quite.
Quizás haya faltado ligazón y transmisión a la faena porque faltó bravura, pero todo lo que hizo Juan Ortega tuvo un empaque y una estética eximia. Señalando al público el presidente, como queriendo decir, aunque a mi pesar, concedo la oreja porque ustedes la pidieron. Negarla hubiera sido arrogancia e insensibilidad.
Al quinto lo recibió con un farol de rodillas, verónicas del tercio a los medios y dos medias. Alto toreo de capa. Inició la faena prendido de las tablas con seis pases por alto. En los medios empalmó la primera serie con la derecha que el toro tomó a regañadientes porque también fue manso y se rajó pronto. Estocada entera levemente desprendida. Cayó pero el puntillero lo levantó, y sonó un aviso.
David de Miranda debió esperar hasta el cierre del festejo para conseguir la oreja, después de una muy importante faena que comenzó con jaleados estatuarios en los medios, cinco. Luego cinco derechazos ligados y otra serie muy compuesta; por el izquierdo resultó desarmado de lo complicado e incierto que fue el toro por ese pitón. Muy rápido el toro fue descomponiendo la embestida. Y ya no estuvo cómodo el torero con el toro mirando al cuerpo y tratando de colarse, pero ya avanzada la faena logró remontar a base de firmeza y entrega, y volvió a sonar la música que se había detenido tras el desarme. El público entró, pareció salir, y luego entró de nuevo con más fuerza y compromiso a la faena, todo labor de David.
Con el tercero tuvo poca opción y aunque estuvo bien con el capote, el público se mantuvo expectante. Apenas unos doblones para obligar, y poco más porque la mansedumbre condicionó la faena, y se rajó pronto.























