Tres Avisos a Rincón

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Tres avisos a Rincón

El maestro César Rincón reaparece con la faena de la noche y escucha los tres avisos. Él, Castella y Juan Ortega se repartieron seis silencios, al chocar con un muro de mansedumbre y además fallar con los estoques…

Redacción: Jorge Arturo Diaz | Camilo Díaz

El festejo empezó con la procesión en el ruedo de La Virgen, y ceremonias sacra y profana. Sermón, reconocimientos, menciones comerciales, premios etc. Cincuenta minutos después, el paseíllo rompió por entre una calle de honor formada por los areneros. Tras de lo cual César Rincón, recibió tremenda ovación a la cual invitó a sus alternantes.

Ya, tras una hora, minuto más minuto menos, apareció el primero. Seis verónicas, media y revolera iniciaron la lección: “Cómo se lidia un manso”. Viloria pica trasero y recibe un semitumbo. El quite por cuatro chicuelinas y larga cordobesa, pintado, pero no muy ligado por los sosos tardeos del gutiérrez.

“Chiricuto” y Dikson parean aplaudidos, y el brindis va para el medico empresario Juan Carlos Gómez. Trinchera, cuatro derechas, cambio de mano y pecho. comenzaron la conquista del desaborido. Poso, canonismo, precisión en distancias y altura, compostura siempre.

El primer cite de largo, muleta por delante, trajo reminiscencias de tiempos idos, al ser engarzado con seis derechas en redondo de mucho poder, temple y mando. Los naturales de igual contenido y cantidad, las capeínas con sus tandas valiosas por ser extraídas de una veta tan pobre fueron acompañadas con una intensidad vocal e instrumental que no se compadecía con el volumen de la tauromaquia revelado, el grado de dificultad y la maestría con que se superaba la poca de emoción de los viajes. La faena no fue de arrebato, porque la falta de prontitud y codicia del animal no lo respaldaban, pero fue magistral.

El volapié honrado concluyó con la espada baja, tres pinchazos, otro fierrazo caído ineficaz, tres descabellos errados, y tres avisos que sonaron uno tras otro desde arriba con rigor cronométrico. El novillo regresó a los corrales por sí mismo, con presteza, como avergonzado, y todo quedó en silencio. Como diciendo, por aquí pasó el toreo, y nada. Una faena de kilates, evocadora, con momentos de gran belleza, superior a la del festival del 12 de octubre pasado en Las Ventas, inconclusa y quizá no suficientemente comprendida ni valorada.

Sebastián Castella, Juan Ortega y otra vez el mismo Rincón, se esforzaron por honrar la histórica reaparición sin alcanzar tan siquiera una ovación o un saludo al final de sus bregas. Pues hay que decirlo, además de la mansada, la cual por momentos superaron, mataron siempre mal. Cuando saltó el pequeño albahío al ruedo, un fotógrafo a mi lado murmuró como para sí, mientras le apuntaba con su teleobjetivo: “Este lo que está es bueno para una chaqueta”. Tal era el desaliento general con el encierro al final de la noche.

Siete machos; tres de Juan Bernardo Caicedo, incluido el cuarto devuelto “por manso”, y cuatro de Ernesto Gutiérrez, contando el cuarto bis. Todos carentes de bravura y emoción, hasta el ovacionado quinto.

FICHA DEL FESTEJO

Viernes 9 de enero 2026. Monumental de Manizales. 5ª de feria (Festival nocturno). Frío. Lleno. Con picadores. Siete machos; 3 de Juan Bernardo Caicedo, mansos, uno, el 4° devuelto por “manso”, y 4 deErnesto Gutiérrez, incluido el 4° Bis, todos mansos, ovacionados: incluido el ovacionado 5°.

César Rincón, silencio tras tres avisos y silencio.
Sebastián Castella, silencio tras aviso y silencio.
Juan Ortega, silencio y silencio.

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