Las imágenes de la sexta de la Feria Taurina de Manizales, captadas por William Cortés, condensan el pulso técnico y la emoción del ruedo en una jornada de temple, riesgo y verdad.
Redacción: William Cortés
Manizales – Colombia. La sexta de la Feria Taurina de Manizales quedó fijada en la retina gracias a la mirada precisa de William Cortés, cuyas fotografías narran con rigor técnico el compás exacto del toreo. En sus encuadres se percibe el cite frontal, la colocación milimétrica de los engaños y la hondura del muletazo rematado atrás, con la cintura rota y el trazo largo. Cada imagen es un parte de lidia visual: la reunión en la suerte suprema, el embroque sincero, la altura justa de la mano y el pitón humillado que concede profundidad. No hay artificio: hay verdad torera, capturada en el instante irrepetible donde el tiempo se detiene y el arte manda.
Más allá del brillo estético, la serie fotográfica construye argumento: la sexta fue una tarde de oficio, de lectura del toro y de administración de las distancias, donde la técnica sostuvo la emoción. Cortés documenta la intensidad del tercio a tercio, la tensión del público y la ética del riesgo asumido, elevando la crónica gráfica a categoría de testimonio. Sus imágenes no solo ilustran; interpretan. Convocan al aficionado a revivir la faena, a valorar el temple como ciencia y el valor como fundamento, y a comprender por qué Manizales sigue siendo plaza de exigencia y memoria viva del toreo.

























