Redacción: Javier Baquero – Jaba
Con una tarde de lluvia, una entrada del 99%, llegamos al tercer festejo de la Feria de Manizales. En el cartel Antonio Ferrera, muy querido en la ciudad, José Arcila,, torero de la tierra y Borja Jiménez de gran cartel en la capital caldense. Se corrieron astados de escasa presencia de Las Ventas del Espíritu Santo, el público salió habido de triunfo y pidió orejas a falta de triunfos.
Antonio Ferrera – grana, oro y cabos blancos
Con una capa en seda azul el español inició su labor frente a Luladita, un toro de 446 kilos, escaso de gonodas, al que lanceó poco, dandole paso a el montado.
En banderillas el trago lo compartió con el subalternó manizalita Emerson Pineda. Brindó la lidia a Ricardo Santana y se tomó con su mano izquierda a las tablas para citar con la muleta a su enemigo. Bastaron dos de tirón para llegar al centro del ruedo. Por muletazos por la derecha y nuevamente el astado perdió sus manos.
Ferrera inteligentemente, lo llevó prendido a los vuelos de la muleta a media altura para evitar la caída y así logró tolerar al natural con mayor facilidad. La música en el palco alto y Antonio recreando el pasodoble con una faena de mucho consentimiento. El pitón derecho mostró menos potabilidad para la lidia, pese a esto el español tiró del burel para alargar las embestidas. Finalizó por alto y busco la igualada, la cual se complicaba porque el toro empezaba a escarbar cada vez que ya se le veía listo. Ferrera le hecho agilidad, metió la mano, y sepultó el acero hasta los gavilanes. Petición y una oreja. División de opiniones para el ejemplar que fue bravo, pero la escases de diciembres le faltó para sostener la pelea.
Ferrera salió en el cuarto a lidiar un cariavacado, sin apariencia de varón y con una embestida a media altura y rebrincada. Poco claro y cobarde ante los caballos.
Pese a todo Ferrera tomó los palos e invitó a Garrido a dejar un buen par.
Brindó al público e inició en el centro y mientras el público gritaba malo ganadero, Ferrera se robaba uno que otro muletazo y el toro buscaba por donde huir. Aquello fue una batalla, donde el español se hurtaba cada momento, mientras el astado pasaba por fuerza. El secreto dejar el trapo en la cara y tirar, al tiempo que avivar al astado. Mato de estocada hasta los gavilanes. Pitos al toro y silencio a Ferrera.
José Arcila – Lila y azabache.
El torero de la tierra recibió a pie junto otro negro de Las Ventas, según tablilla con más edad que el primero, pero en el aspecto con cepa de pitones muy pulidas. Tres laces muy vertical y paso a los montados.
Hubo petición de cambio por cojera en su pata derecha.
Brindó a un aficionado en el tendido. Se plantó en el centro del ruedo para citar un cambiado por la espalda y tres muletazos más con la mano derecha, encontrando nuevamente el derrumbe del toro. Al iniciar una tanda más, fue prendido por el pitón ose derecho en su entrepierna. Pasó a la enfermería y en el ruedo quedó la expectativa. Desde la puerta derecho cuadrillas señales de que esperarán. Se abrió la puerta y Arcila vendado salió, tomó los trastos y fue a la cara del toro. Media espada y un descabello fueron necesarias para acabar con el mal trago, luego de lo cual por sus propios medios partió al hule para evaluar su estado de salud.
Pese a que se había anunciado que no saldría José Arcila, pidió le autorizaran y salió. El toro bonito, con carita y algo más de apariencia de barbas. El manizalita lanceó con mucha presteza y dio paso a los montados. Este Renegrito también dobló las manos.
Desde el centro del ruedo brindó al público que llenaba la plaza. Tres muletazos suaves con la derecha y el toro al piso en repetidas ocasiones. Para ese momento voluntad ante un inválido. Tandas de dos muletazos, el remate y al piso. Había mucha previsión en el torero. Inestabilidad en los pies y movimientos de prevención. Solo dos y el torero quedaba desacomodado. Tomó la espada y sin dudar dejó una estocada completa. Hubo petición leve y el palco entregó una oreja inconsulta. El toro fue pitado por su flojedad. Recibió la oreja, la entregó a Emerson y se retiró a la enfermería, en cuya puerta fue ovacionado.
Borja Jiménez – curaba, oro y cabos blancos.
Borja salió a lidiar un castaño requemado, que acudió con alegría al capote. Pocos lances y a la vara.
No brindó, armó la muleta e inició por bajo. El toro mostró flojedad en el tren delantero. La faena bajo la lluvia, se tornó aburrida y con peligro en el pitón derecho del astado, reiteró las advertencias y alguna por poco hecha mano del torero. La prueba fue por los dos pitones y la respuesta en igualdad, poca potabilidad. Pitos al toro y silencio al actuante.
La espada como solución se fue tendida y trasera. Silencio.
Para el cierre Borja, vio salir al más e presentable astado. Anovillado sin justificar la fecha de las tablillas.
Brindó al público y en el centro del ruedo, tres cambiados y tres por alto. El público habido de triunfo, gritaba olé y Borja se entonaba con Callado un negro que se dejó y del cual Borja sacó el mejor partido. El ejemplar noble y fijo acudía a los engaños como por inercia. Mato de estocada trasera. Petición y dos orejas forzadas, luego del trofeo del colombiano.
























