El Arte del Toreo

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El Arte del Toreo

Si tratamos de buscar los orígenes de la actual fiesta de los toros, podemos remontarnos a los tiempos prehistóricos, donde ya aparece la figura del toro en los grabados de numerosas pinturas rupestres en cavernas desde el norte hasta el sur de la  península; un animal al que muy probablemente se le daba un significado religioso, ya que significaba una fuerza superior al hombre. Aparecen ya en esta época algunos grabados que representaban al hombre luchando contra el toro.  Desde estos primeros contactos con el toro, se fue desarrollando poco a poco el arte de torear, hasta llegar a lo que hoy en día conocemos como La Lidia del toro bravo, variedad bovina que evolución desde las razas de toros egipcios y uros europeos, hasta convertirse en el toro bravo español en una raza única y presente tan sólo en la Península Ibérica, sur de Francia y en Hispanoamérica.

Las luchas entre hombre y toro eran uno de los espectáculos del circo romano, tanto a pie como a caballo contra el toro, haciéndolo en otras ocasiones contra osos, leones o incluso jabalís.  Estos espectáculos fueron traídos a la península ibérica por las legiones romanas, y contrario a lo que ocurrió en otras zonas del continente, aquí arraigaron fuertemente. ¿Cual fue motivo?, sin duda la abundancia de toro bravo en nuestra geografía, y ¿Por qué no?, debido al propio carácter de las gentes que aquí habitaban.

El toreo a caballo, fue durante siglos una actividad de la nobleza.  En la Edad Media, en 1256, Alfonso X ¨El Sabio¨ habla ya de fiestas de toros que tenían lugar con motivo de grandes acontecimientos. Lo cierto es que en la edad media se solían celebrar con este tipo de festejos las bodas reales, los nacimientos de príncipes o las visitas regias a  las diferentes ciudades españolas.  En los siglos sucesivos,  siguieron celebrándose los grandes acontecimientos con  fiestas en las que, a caballo, los nobles se enfrentaban con sus lanzas a los toros. Este tipo de espectáculos tenían lugar en las plazas públicas de las villas y ciudades. De nada sirvieron los intentos de algunos papas como Pío V, que trataron de abolir estas prácticas que tanto atraían al pueblo llano.

Con el auge de la burguesía y la consiguiente decadencia de la nobleza, de aquellos caballeros lanceadores de toros que eran en muchas ocasiones auxiliados por unos peones, se fue pasando a un tipo de festejos en los que el toreo a pie tomaba cada vez mas protagonismo. Podemos afirmar que los nobles abandonaron la fiesta de  los toros siendo sustituida su presencia por la del pueblo.

En el siglo XVIII los toreros a caballo son ya simples auxiliadores de los toreros de a pie, surgiendo de entre estos Francisco Romero, quién según la historia fue el inventor de la muleta. La aparición de nuevas suertes, la personalidad de los distintos diestros que irán apareciendo iniciarán una imparable evolución tanto del toreo como del toro hasta nuestros días.

Es en la primera mitad del XVIII cuando nacen los tres grandes padres de la tauromaquia: Joaquín Rodríguez ¨Costillares¨, Sevilla 20 de Julio de 1729, José Delgado Guerra Pepe-Hillo, Sevilla 14 de Marzo de 1754 y Pedro Romero, Ronda 19 de Noviembre de 1754, desde entonces, y hasta nuestros días, este espectáculo sin igual en el mundo, donde el hombre arriesga su vida y desata pasiones en el ritual del arte y la muerte, ha formado parte de la cultura universal, siendo base importantísima de otras manifestaciones culturales como la literatura, la pintura, la escultura, la música, el cine, etc. Destacados artistas de los últimos siglos han fijado sus ojos en la tauromaquia a la hora de desarrollar su actividad; Goya, Mariano Benlliure, José Ortega y Gasset, Pablo Picasso, Ernest Hemingway, Orson Welles y Vicente Blasco Ibáñez son una buena muestra de ello.

Entre los años 1939 y 1946 se continúan celebrando grandes corridas de abril a junio y las novilladas eran las protagonistas de los meses de verano. En el año de 1947 el empresario Livino Stuyck tuvo la idea de aprovechar la festividad de San Isidro para reunir todas las corridas que había a lo largo de todo el mes de mayo.  Madrid siempre festejó el día de su patrón, pero no tenía feria taurina.  La temporada comenzaba en marzo y terminaba en octubre y había dos abonos: el de otoño y el de primavera.  Los jueves se incluían corridas extraordinarias con los toreros que habían triunfado los días anteriores.  Durante la guerra estos abonos desaparecieron.  La “Feria de Madrid”, que así se llamo al principio, empezó en 1947 modestamente y, poco a poco, se fue convirtiendo, junto a la de abril de Sevilla, en la más importante de España.  Uno de los principales atractivos de la nueva feria fue la restauración del tradicional abono, que había sido suspendido en la guerra.  En un principio la feria de San Isidro estaba compuesta por cinco corridas; en la actualidad suelen ser 28 festejos, 24 de los cuales son corridas de toros, 2 son novilladas y 2 son de rejones.

La primera corrida de la Feria de San Isidro tuvo lugar el 15 de mayo de 1947 y torearon: Rafael Ortega, “Gallito”, Manuel Alvarez, “Andaluz” y Antonio Bienvenida. La ganadería pertenecía a Rogelio Miguel del Corral. Gallito escuchó los tres avisos en su primero (el toro volvió al corral) y Antonio Bienvenida fue herido de consideración. No hubo trofeos en esta primera edición de la Feria de San Isidro.

El 9 de mayo de 1948, Manuel Alvarez (Andaluz) cortó la primera oreja de la historia de la Feria. Hizo el paseíllo junto al madrileño Manolo Escudero y al baracaldés Pedro Robledo.

Joselito con dos de las orejas que en su carrera ha paseado en Madrid San Isidro quedó establecida como feria. En las primeras ediciones triunfaron los toreros: “Parrita”, Pepín Martín Vázquez, Manuel Alvarez “Andaluz”, Paquito Muñoz y Rafael Ortega.

La lista de toreros triunfadores en Madrid es interminable: Curro Romero, Paco Camino, Julio Aparicio, Diego Puerta, Greorio Sánchez, El Litri, El Viti, Antonio Bienvenida, Pepe Luis Vázquez, Belmonte, Manolete, Niño de la Capea, Antoñete, El Cordobés, César Rincón, Ortega Cano, Joselito, José María Manzanares.

Al hablar de la corrida tenemos que mencionar el Paseíllo, que es el paseo que realizan las cuadrillas por el ruedo al principio de la corrida, con objeto de presentarse ante el presidente de la misma.  El paseíllo está establecido con mucho rigor de antigüedad, según dicta la costubre, colocándose los actuantes de la siguiente forma: en la primera fila se colocan los matadores, situándose a la izquierda el diestro más veterano, a la derecha el segundo en orden de antigüedad, y en el centro el más novato. Flanqueando a los matadores, se encuentran los alguacilillos a caballo. Por filas detrás de cada matador va la cuadrilla en orden de colocación, en las filas siguientes se colocan a caballo los dos picadores de cada matador, cierran el paseíllo los monosabios y el personal de la plaza.

Clarines y timbales anuncian el festejo, al ritmo de un pasodoble los matadores y sus cuadrillas recorren en solemne desfile detrás de los alguacilillos el ruedo. Es el multicolor paseíllo con el que se abre este espectáculo, para luego dar paso al inicio de las diferentes faenas, actos o tercios (el tercio de varas, el tercio de banderillas y el tercio de muerte), dicen los antiguos poetas de la crónica que ¨al finalizar el paseíllo se cambia la seda por el percal y es hora de empezar¨.

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