
Apuramos enero. Veintiséis ya. Todo va tan rápido e incierto. Cualquier cosa pasa hoy, mañana, pasado…, cualquier cosa. Y hace tres días, una particularmente dolorosa. La muerte del muy querido Miguel Ángel Moncholi en Madrid.
Su mensaje personal de año nuevo, vía whatsapp, me anunciaba la en cualquier momento fatal noticia que, no por eso llegó menos triste y desoladora, antes de lo imaginado:
Querido Jorge Arturo. Sigo recibiendo tus textos, que leo con sumo agrado. Creo también llegado el momento de que conozcas de primera mano que el último diagnóstico que tengo es el de una metástasis de cáncer en páncreas, hígado y peritoneo. Esto, lo sabes igual que yo, va muy rápido, por lo que no creo que pueda verte en San Isidro (¡ojalá que sí!).
Así que, te comparto por este medio, han sido muchos los ratos muy agradables, tanto en España como en Colombia, que hemos pasado juntos que quiero compartirlo, así como mis mejores, deseos para 2026. Un fuerte abrazo.
Ya no nos podremos ver en San Isidro como deseábamos, ni nunca más. Con él se fue para quienes tuvimos el privilegio de su afecto y cercanía, un pedazo de nuestro mundo. Pero también una era de los toros. Cuatro décadas entre dos siglos. Fue su observador vivencial y notario. Personaje único, trascendente, insoslayable. Aficionado insigne, periodista maestro, comunicador revolucionario. Su estilo, encanto, sencillez, calidad y calidez humana impregnaban su estar, su trabajo, su amistad.
Las notas, artículos, pésames y obituarios que al momento de su muerte llenaron la prensa taurina, destacaron bien su obra y legado. Su indeclinable labor de difusión, docencia, y defensa de la fiesta por todos los medios. Su elevar la tauromaquia al ámbito académico universitario. Los muchos que formó, los importantes y merecidos premios, aunque quizá insuficientes, que en vida reconocieron y dan fe de sus aportes…, valen.
Pero entre todos, un hecho tal vez lo ponga en la más larga posteridad. Uno muy concreto. Haber sido el primer hombre que puso la cultura taurina en el ciber espacio, en el Internet. El que la disparó allá. El que superó la órbita no digital, y amplió el ámbito taurino al infinito. “¿Inter.. qué?” se oía por entonces, contaba.
Y lo hizo fundando el portal, Burladero.com, (hoy Burladero.TV). Con Martín Ruiz Gárate…, “el autor del parto, la madre de la criatura, y yo, que me convertí en el padre tutor del invento”. Así relató el alumbramiento. Luego, liderando un juvenil grupo de colaboradores, en mayoría sus alumnos de la Universidad Complutense, y entre los cuales nos honró agregándonos a Francisco Tijerina de México y a mí desde Colombia. Amigos éramos.
“Burladero.com. La aventura de los toros en Internet”, tituló su libro testimonial (224 págs. Madrid, Egartorre, 2003), fuente de las citas. El proyecto comenzó a fraguarse, el frío 30 de enero de 1998, “en un café de la calle Don Ramón de la Cruz de Madrid”. Allí, padre y madre, lo echaron a andar. Y al fin el Portal salió al espacio infinito con su primera plana el 1º de febrero del 2000; La noticia era: “La muerte de Diodoro Canorea…” Consignó para la historia Mario Juárez, novel jefe de redacción.
Fue el primero, y hoy el más antiguo de los muchos portales que le siguieron, y que han hecho del medio digital el más importante y eficaz, sobrepasando los tradicionales, bellos, pero lentos impresos. Sí, una revolución, exigida por la época. Con ideología: “Libertad de expresión… Información pura y dura…, distinguiéndola de la opinión, y…, prohibido trincar…”
Así, Burladero.TV, dirigido en su segunda y más larga etapa (23 años) por Juan Carlos Mesa, es por tanto el decano vigente de los toros en la Web.
Ahora que Miguel Ángel se ha marchado para siempre, debemos recordar en su honor, que entre todas las cosas que la fiesta fue, jamás fue como después de esta “aventura” capitaneada por él. No lo podremos olvidar.























