Festival de Manizales: Rincón volvió, Castella sostuvo y Ortega intentó

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Foto: Palco de Cortes

Festival de Manizales: Rincón volvió, Castella sostuvo y Ortega intentó

La noche del viernes 9 de enero de 2026, la Monumental de Manizales se llenó hasta la bandera para el tradicional festival benéfico en favor del Hospital Infantil Rafael Henao Toro de la Cruz Roja de Caldas. El ambiente fue solemne y festivo: la procesión de la Virgen de la Macarena recorrió el ruedo, se entregaron reconocimientos institucionales y se vivió la expectativa de un acontecimiento histórico: la reaparición del Maestro César Rincón en su tierra, tras 17 años de ausencia.

La noche del viernes 9 de enero de 2026, la Monumental de Manizales se llenó hasta la bandera para el tradicional festival benéfico en favor del Hospital Infantil Rafael Henao Toro de la Cruz Roja de Caldas. El ambiente fue solemne y festivo: la procesión de la Virgen de la Macarena recorrió el ruedo, se entregaron reconocimientos institucionales y se vivió la expectativa de un acontecimiento histórico: la reaparición del Maestro César Rincón en su tierra, tras 17 años de ausencia.
El cartel, reducido a una terna de figuras, reunió a Rincón, al francés Sebastián Castella y al sevillano Juan Ortega. El encierro, dividido entre las ganaderías de Ernesto Gutiérrez y Juan Bernardo Caicedo, resultó un lastre: siete novillos mansos, sin transmisión ni bravura, que condicionaron el resultado artístico y dejaron la sensación de un festival estéril.

César Rincón: la nostalgia de un maestro

La primera faena del maestro colombiano fue la más vibrante de la noche. Con Dios te Dé, de Gutiérrez, Rincón mostró que la técnica y el temple siguen intactos. Lo saludó con siete verónicas y una media de gran compostura, y lo puso en suerte con chicuelinas y larga cordobesa. En la muleta, citó de largo, templó y mandó, logrando que un toro distraído y sin codicia se arrancara como si obedeciera a un imán invisible. La plaza se volcó con él, recordando la grandeza de su carrera.

Sin embargo, la espada borró la obra: tres pinchazos, descabellos fallidos y tres avisos que enviaron al toro vivo a los corrales. El silencio fue tan profundo como el desencanto. En su segundo turno, con el cuarto bis de Gutiérrez, apenas pudo dejar un tercio de capa notable a la verónica. La faena careció de emoción y terminó en silencio. Su reaparición fue más un acto de gratitud y memoria que un triunfo tangible.

Sebastián Castella: técnica contra la mansedumbre

El francés enfrentó primero a Escándalo, de JBC, un novillo incierto y sin clase. Castella brindó a Rincón y, con doblones y temple, intentó construir una faena imposible. El toro, aculado a tablas, apenas se movía, pero la técnica del galo logró arrancar algunos muletazos con la izquierda, demostrando poder y suavidad. La espada cayó trasera y el descabello falló: silencio tras aviso.

En el quinto, un negro de Gutiérrez, Castella desplegó variedad capotera con chicuelinas y tamaleras, escuchando el pasodoble mientras el público se animaba. En la muleta, hilvanó cuatro series con la derecha, tapando defectos y mostrando criterio. Cuando mejor iba la faena, el novillo se lesionó y la emoción se apagó. Palmas al toro, silencio para el torero. Castella dejó constancia de su madurez, pero sin materia prima para brillar.

Juan Ortega: voluntad sin recompensa

El sevillano lidió primero a Marqués, de Gutiérrez, un toro alegre de salida pero pronto mansurrón. Ortega lo saludó con verónicas a pie junto y brindó al público. En la muleta, intentó bajarle la mano y construir una faena estética, pero el toro levantaba la cara y buscaba tablas. Pinchazo y silencio.

En el sexto, un albahío de JBC, la plaza ya estaba predispuesta con pitos antes de que saliera. Ortega persistió y logró un par de series con la derecha que ilusionaron, pero el novillo se lesionó y la faena se truncó. Pinchazo y silencio. Su actuación reflejó voluntad y estética, pero sin recompensa.

Balance final

El festival, concebido como homenaje y reencuentro con César Rincón, terminó marcado por la mansedumbre del encierro y la falta de acierto con la espada. No hubo trofeos ni emoción sostenida. Solo quedaron destellos de calidad, especialmente en la primera faena del maestro, y el reconocimiento a la voluntad de los toreros por sobreponerse a un material adverso.

La noche fue más un acto de memoria que de triunfo: Manizales agradeció la presencia de su gran figura, pero la bravura no apareció.

Ficha del festejo

• Monumental de Manizales. Viernes 9 de enero de 2026. Festival nocturno benéfico.
• Novillos: 4 de Ernesto Gutiérrez (1º, 3º, 4º bis y 5º) y 3 de Juan Bernardo Caicedo (2º, 4º y 6º). Todos mansos, el 4º devuelto por bronca del público.
• César Rincón: silencio tras tres avisos y silencio.
• Sebastián Castella: silencio tras aviso y silencio.
• Juan Ortega: silencio y silencio.
• Entrada: lleno.

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