El novillero colombiano Joselito Castañeda anunció hoy, a través de sus redes sociales, su retiro definitivo de los ruedos. Con un mensaje cargado de gratitud, honestidad y emoción, el torero pone punto final a una trayectoria de dos décadas de entrega absoluta a la tauromaquia, asumiendo con entereza una de las decisiones más difíciles que puede enfrentar un hombre de toros: colgar el traje de luces.
Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Cajicá – Colombia. La noticia cayó como un silencio hondo en los tendidos virtuales de la afición taurina: Joselito Castañeda ha anunciado su retiro del toreo. No fue una cornada, ni una tarde aciaga, ni una decisión precipitada. Fue una reflexión madura, sentida y profundamente humana, compartida hoy a través de redes sociales, que ha recorrido con rapidez los círculos taurinos de Colombia, México y España.
El novillero colombiano, forjado durante 20 años de vida entregada al toro bravo, comunicó su determinación con un mensaje sobrio, respetuoso y cargado de verdad. Palabras que no buscan dramatismo, pero que dejan al descubierto la dimensión emocional de quien ha vivido la tauromaquia no como un oficio pasajero, sino como una escuela de vida, con sus luces y sus sombras, con su gloria y su sacrificio.
Castañeda reconoce que la tauromaquia siempre tendrá un lugar permanente en su corazón, pues fue el escenario donde se formó como persona, donde aprendió a resistir, a caer y a levantarse. Hoy, con lágrimas en los ojos, como él mismo lo expresa, decide hacerse a un lado, no desde el desencanto, sino desde la lucidez que solo concede el tiempo y la experiencia.
En su comunicado, el torero agradece de manera especial a quienes nunca abandonaron el barco cuando las circunstancias fueron adversas. Aficionados, amigos, profesionales y seguidores que, desde Colombia, México y España, lo sostuvieron con palabras, confianza y aliento en los momentos más complejos del camino. Ese respaldo, silencioso muchas veces, pero constante, fue parte esencial de su recorrido.
La reflexión de Joselito Castañeda toca uno de los nervios más sensibles del mundo taurino: la cruda realidad de una profesión donde de mil, solo uno llega a ser figura. Con absoluta franqueza, el novillero admite que las circunstancias actuales del toreo y de la vida misma le han hecho comprender que alcanzar esa cima es incierto, y que la grandeza también consiste en saber detenerse a tiempo, sin renunciar al amor por la fiesta.
No hay reproches en su despedida, ni resentimientos. Hay gratitud. Hay memoria. Hay plazas vividas, tardes soñadas, ilusiones intactas y recuerdos que, como él mismo afirma, lo hicieron feliz dentro de una plaza de toros. Ese patrimonio emocional nadie se lo quita, porque pertenece a la verdad de su entrega.
Joselito Castañeda no abandona la tauromaquia: cambia de sitio. Deja el ruedo para ocupar el tendido, desde donde seguirá defendiendo la pasión por el toro bravo como un buen aficionado, con la mirada limpia de quien conoce el sacrificio que implica vestirse de luces.
Hoy no se va solo un novillero. Hoy se queda la historia de un torero honesto, que entendió que el valor no siempre está en ponerse delante del toro, sino también en saber cerrar una etapa con dignidad, respeto y verdad. La afición, esa que él mismo saluda con respeto en su mensaje, sabrá reconocerlo. Porque en el toreo, como en la vida, también es de toreros saber decir adiós.

























