Una tarde marcada por las condiciones del toro, su comportamiento en los distintos tercios y la exigencia que planteó a las cuadrillas, donde las labores de los subalternos, varilargueros y hombres de a pie fueron valoradas por sus ejecutorias, reafirmando que el toro sigue siendo el eje y razón de la lidia.
Redacción: Andrey Gerardo Márquez Garzón – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Lenguazaque – Colombia. La lidia es una arquitectura de tiempos, distancias y decisiones donde todo gira en torno al toro, auténtico rey de la fiesta brava. En esta jornada, las condiciones del astado, su movilidad, su empuje al caballo, su respuesta en banderillas y su transmisión, marcaron el desarrollo de cada tercio, exigiendo a las cuadrillas oficio, temple y conocimiento del animal bravo. Fue una tarde donde se entendió que el protagonismo no recae únicamente en el lucimiento, sino en la correcta ejecución de las suertes que conforman la lidia en su conjunto.
Con el primer toro, William Torres ejecutó una muy buena vara, midiendo con criterio las condiciones del toro, probándolo en el peto y administrando el castigo sin excesos, cumpliendo la suerte con verdad. La brega de Carlos Rodríguez Garrido fue oportuna y templada, siempre atento a las querencias del burel, llevándolo bien a los terrenos y permitiendo que la lidia fluyera con orden. En el tercio de banderillas, Jhon Jairo Suaza colocó un muy buen par, al igual que Brian Valencia, cumpliendo con solvencia y dejando al toro en condiciones.
El segundo toro permitió apreciar el buen hacer de Juan Esteban García, quien dejó la vara en toda la yema, bien dosificada, midiendo al toro y respetando su embestida. Iván Darío Giraldo, en la brega, estuvo acertado, conduciendo al animal con suavidad y firmeza. En banderillas, Antony Dicson y Brian Valencia se lucieron con muy buenos pares, ejecutados con reunión y exposición, siendo justamente aplaudidos por el público, que supo valorar la corrección de la suerte.
Con el tercero, Reinario Bulla firmó una muy buena vara, bien señalada y sostenida el tiempo justo, entendiendo las condiciones del toro y su forma de empujar. José Calvo realizó una brega oportuna y bien ejecutada, siempre atento a las reacciones del animal. En banderillas, Andrés Herrera y Carlos Rodríguez estuvieron correctos en la ejecutoria; sin embargo, la mala fortuna hizo que los palos quedaran desprendidos, sin que ello empañara la disposición ni el riesgo asumido.
El cuarto burel volvió a poner a prueba a las cuadrillas. Juan Sebastián García, en la suerte de varas, tomó bien al toro, dosificando la intensidad con altura y sentido, sin castigar de más. Antony Dicson, en labores de brega, estuvo pulcro y oportuno, colocando al animal con precisión y permitiendo una lidia ordenada. En banderillas, Iván Darío Giraldo y Jhon Jairo Suaza colocaron dos muy buenos pares, bien ejecutados y reunidos, que fueron reconocidos con aplausos del tendido.
Con el quinto toro, Reinario Bulla volvió a destacar con una muy buena vara: midió, mandó la puya y sostuvo el castigo el tiempo adecuado, entendiendo perfectamente las condiciones del astado. Andrés Herrera, en la brega, se mostró templado y justo, sin brusquedades ni aspavientos. José Calvo estuvo correcto en la ejecutoria de banderillas, dejando un solo palo. El momento de mayor impacto llegó con Antony Dicson, quien colocó un gran par de banderillas, de exposición y verdad, saludando montera en mano la ovación del público.
El toro que cerró plaza volvió a centrar la atención en el tercio de varas. William Torres ejecutó una muy buena vara, recibiendo palmas del público. Como detalle anecdótico, olvidó despedirse de la presidencia, gesto tradicional de los varilargueros en el último toro de lidia ordinaria. Jhon Jairo Suaza realizó una brega buena y oportuna, siempre atento a las condiciones del toro. En banderillas, Carlos Rodríguez estuvo bien en la ejecutoria, aunque los palos quedaron sin reunir. Iván Darío Giraldo, pese a no tener fortuna en la colocación, ejecutó correctamente la suerte, dejando constancia de su disposición y oficio.
En balance general, fue una tarde donde las labores de los subalternos, varilargueros y hombres de a pie fueron debidamente valoradas por sus ejecutorias, por el respeto mostrado al toro y por el entendimiento de sus condiciones en cada uno de los tercios. Una lidia construida desde el conocimiento y el oficio, que reafirma que cuando el toro es bien lidiado, la fiesta brava encuentra su verdadera razón de ser.
















