Borja Jiménez le roba el triunfo a la lluvia

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Borja Jiménez le roba el triunfo a la lluvia y sale en hombros en la tercera de abono de Manizales

Redacción: María del Capote | eje21.com.co

Manizales, 8 de enero 2026. Este miércoles, en la tercera corrida de abono de la Feria de Manizales, la plaza amaneció sitiada por la lluvia y por ese ambiente espeso que presagia las tardes difíciles. El ruedo, pesado y brillante de agua, fue escenario de una corrida que se hizo cuesta arriba desde el paseíllo, con un encierro serio de Las Ventas del Espíritu Santo, pero falto de fuerza y raza en su conjunto. Durante buena parte del festejo, el desánimo se fue adueñando de los tendidos, hasta que, en el último toro de la tarde, Borja Jiménez se echó la feria a la espalda y, con temple, cabeza y verdad, cambió el signo de la historia para salir triunfador por la puerta grande, cortando dos orejas de peso.

Se lidiaron toros de Las Ventas del Espíritu Santo, hierro del maestro César Rincón, bien armados, serios por delante, pero ayunos de fuerzas y de ese fondo de bravura que sostiene las faenas. Un encierro áspero, deslucido, con la excepción bendita del sexto, ese toro que llegó para rescatar la tarde del naufragio.

Abrió plaza Antonio Ferrera, de grana y oro, con un toro noble pero medido de motor, de esos que se apagan si se les exige de más. Ferrera lo entendió desde el primer muletazo: pulso firme, muleta baja, precisión quirúrgica. Lo llevó con mimo, le robó los pases uno a uno, construyendo una faena de oficio y sabiduría, que fue creciendo sin estridencias, pero con verdad. El acero cayó en su sitio y la plaza, agradecida, pidió y obtuvo la primera oreja de la tarde. En su segundo, un manso sin entrega ni pelea, poco pudo hacer el extremeño más allá de dejar constancia de su profesionalidad.

El colombiano José Arcila, vestido de fucsia y azabache, vivió una tarde de las que forjan toreros. En su primero, la tragedia rondó cuando el toro lo prendió con violencia. Herido, pasó por la enfermería, pero regresó a la cara del animal para cumplir, demostrando que la vergüenza torera no entiende de dolores. Aquel toro no tuvo opciones. Tampoco el segundo de su lote, hasta que salió el quinto. Un toro a la defensiva, reservón, que miraba más de lo que embestía. Arcila se lo pasó muy cerca, se cruzó, se puso donde queman las zapatillas y se impuso por puro valor. La plaza, entregada, lo empujó en volandas y el esfuerzo se tradujo en una oreja de ley.

Hasta entonces, la tarde avanzaba con el paso cansino del desencanto. Borja Jiménez, de champán y oro, había tenido que tragar con un tercero incómodo, que embestía a regañadientes, sin entrega ni recorrido. El sevillano dejó detalles de buen gusto, pero el toro no dio para más. Palmas y a esperar.

Y entonces salió el sexto. Y con él, la emoción. Desde el saludo capotero se sintió que algo distinto caminaba sobre la arena mojada. El toro embistió con ritmo, con alegría, metiendo la cara y humillando. Jiménez lo meció con el capote, templando y mandando, despertando a unos tendidos que ya habían sufrido bastante.

Con la muleta llegó la verdad grande. Borja lo citó de lejos, lo llevó cosido a la franela roja, ligando muletazo tras muletazo, sin tirones, sin ventajas, mandando con la cintura y gobernando la embestida. La faena tuvo pulso, cabeza y alma: exigió al toro, pero supo medirlo para no romperlo. Hubo series por ambos pitones de trazo largo y profundo, remates con torería y una plaza que, empapada y todo, rugía de emoción. Manizales estaba dentro del ruedo.

La estocada cayó recta y fulminante. El toro dobló sin puntilla. El palco no dudó. Dos orejas que abrieron de par en par la puerta grande, por la que Borja Jiménez salió a hombros, mientras la lluvia ya no molestaba, convertida en parte del triunfo.

Así terminó una tarde que parecía perdida y acabó siendo celebrada. Porque el toreo, como la vida, siempre guarda una última emoción para quien sabe esperar… y para quien sabe torear.

Ficha del festejo

Plaza de toros de Manizales
Tercera corrida de abono. Tarde lluviosa.

Toros: Las Ventas del Espíritu Santo, bien presentados, faltos de fuerza y bravura en conjunto, salvo el excelente sexto.

  • Antonio Ferrera (grana y oro): Oreja y silencio.

  • José Arcila (fucsia y azabache): Ovación y oreja.

  • Borja Jiménez (champán y oro): Palmas y dos orejas.

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