Altagracia: Llegó la Hora

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Tras el aplazamiento obligado por la coincidencia con el Campeonato Nacional de Ruta, el Festival Taurino de la ganadería Altagracia se celebrará finalmente este sábado 14 de febrero, con cartel intacto, homenaje póstumo incluido y una expectativa de asistencia masiva. La afición ha respondido con madurez y entusiasmo: todo está dispuesto para una jornada de alto contenido taurino y emotivo en Villapinzón.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Arbeláez – Colombia. Ha llegado la hora. No como simple ajuste en el calendario, sino como afirmación de carácter. El Festival Taurino de la ganadería Altagracia, en jurisdicción de Villapinzón (Cundinamarca), vivirá el próximo sábado 14 de febrero una jornada que trasciende el mero festejo para convertirse en declaración de principios: la tauromaquia sabe esperar, sabe resistir y, sobre todo, sabe volver con más fuerza.

El aplazamiento del pasado 7 de febrero, motivado por la coincidencia con una prueba ciclística de alcance nacional, el Campeonato Nacional de Ruta de Colombia, fue una decisión tan necesaria como responsable. La jornada reina del certamen pedalístico, con recorrido de 124,5 kilómetros y figuras del World Tour como Egan Bernal, convertía el corredor Briceño–Tunja y buena parte del norte de la capital en eje neurálgico del deporte colombiano. Con cierres viales estratégicos y una logística institucional volcada en el evento, resultaba inviable garantizar el desplazamiento fluido de cuadrillas, alternantes, aficionados y equipos técnicos hacia la plaza de tientas de Altagracia.

Pero si algo distingue a la tauromaquia es su capacidad de dialogar con la realidad sin abdicar de su esencia. No hubo cancelación, hubo aplazamiento. No hubo renuncia, hubo prudencia. Y en esa diferencia semántica y ética radica el verdadero triunfo previo al paseíllo. La organización optó por preservar la integridad del cartel, mantener el compromiso con la afición y asegurar que el rito se celebre con la solemnidad y la dignidad que exige el arte del toreo.

El resultado no ha sido un enfriamiento del ambiente, sino todo lo contrario: el 14 de febrero emerge como fecha reafirmada, cargada de expectativa y con augurio de tendidos colmados. La afición, lejos de la queja estéril, ha dado una lección de comprensión y madurez. Ha entendido que la tauromaquia convive con otras expresiones culturales y deportivas, y que el respeto mutuo fortalece el tejido social. Ese respaldo se ha traducido en entusiasmo renovado, en conversaciones encendidas, en reservas confirmadas y en una sensación compartida de que lo mejor está por venir.

En lo estrictamente taurino, el festival conserva intacto su atractivo técnico y artístico. Se lidiarán seis toros de pura casta, procedentes de las acreditadas ganaderías Achury Viejo, San Rafael y Las Ventas del Espíritu Santo. Hierros con historia, encastes que garantizan bravura, transmisión y opciones reales de lucimiento. No se trata de un simple compromiso festivo: es una cita con la seriedad del campo bravo, con la emoción que brota cuando el toro embiste con clase y el torero responde con verdad.

El cartel, además, ofrece variedad y fundamento. Andrés Ruiz asumirá las labores de rejoneo, aportando la espectacularidad del toreo a caballo, la doma precisa y el temple desde la montura. A pie, Cristóbal Pardo, Manuel Libardo, Moreno Muñoz, Leandro de Andalucía y Luis Miguel Castrillón componen una terna múltiple de matices: toreros de concepto, oficio y entrega, llamados a imprimir personalidad en cada tercio, desde el saludo capotero hasta la suerte suprema. Habrá espacio para el clasicismo, para el valor seco, para el toreo en redondo y para la inspiración que solo surge cuando se conjugan toro y torero en comunión auténtica.

A la dimensión artística se suma un componente de honda carga emotiva: el homenaje póstumo al ganadero Luis Segura. Su nombre, ligado al respeto por la casta y al compromiso con la crianza del toro bravo, será recordado en un acto que trasciende el aplauso circunstancial. No será solo evocación, sino reafirmación de un legado. Porque en la tauromaquia la memoria no es nostalgia, es continuidad. Cada toro que salta al ruedo lleva detrás generaciones de esfuerzo silencioso en el campo, madrugadas, tentaderos y decisiones tomadas con criterio y pasión.

La jornada del 14 de febrero está concebida, además, como auténtico encuentro campestre y cultural. Desde horas de la mañana, Altagracia abrirá sus puertas con actividades complementarias, exhibiciones, programación musical y espacios de convivencia que convertirán el festival en punto de reunión familiar y social. No será únicamente una tarde de toros: será una celebración de identidad, de tradición y de comunidad.

Por eso hoy el mensaje es claro y vibrante: llegó la hora. La hora de ocupar el tendido, de sentir el clarín anunciando el paseíllo, de guardar silencio expectante ante la salida del primero y de romper en olé cuando el temple y la bravura se encuentren. La hora de demostrar que, cuando hay argumentos sólidos, ganadería seria, cartel atractivo, causa justa y homenaje sincero, la afición responde sin titubeos.

El aplazamiento fue circunstancia; el 14 de febrero será consecuencia. Consecuencia de una decisión responsable, de una afición fiel y de una organización que prefirió esperar para hacerlo bien. Altagracia aguarda con sus cercas abiertas y su plaza de tientas dispuesta. El campo bravo está listo. Los toros, enchiquerados, guardan su misterio. Los toreros, mentalizados, afinan el pulso. Y el tendido, como un corazón colectivo, ya late.

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