San Cristóbal (Venezuela) A Hombros Bajo Cielo Plomizo

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La segunda de Feria en San Cristóbal dejó una tarde de contrastes: la maestría templada de David de Miranda en su presentación absoluta y el mando arrollador de Jesús Enrique Colombo se impusieron a un encierro deslucido de Los Aránguez. Ambos salieron a hombros de Pueblo Nuevo en una función de emoción intermitente, raza y autoridad torera.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Morawww.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Lenguazaque – Colombia. La plaza de toros de Pueblo Nuevo vivió un capítulo de hondas sensaciones en la segunda de la Feria de San Sebastián, una tarde marcada por el cielo plomizo y por un encierro de Los Aránguez de juego desigual, áspero en términos generales y generoso solo a cuentagotas. En ese contexto de exigencia, David de Miranda y Jesús Enrique Colombo firmaron un relevo de emociones que sostuvo la función y levantó a la afición tachirense de sus asientos. Dos conceptos distintos, un mismo resultado: puerta grande y argumento de peso.

EMILIO DE JUSTO: LA CRUZ DE LA MONEDA

La tarde no fue propicia para Emilio de Justo, quien se topó con el peor lote. Dos mansos de manual, huidizos y querenciosos a tablas, cortaron cualquier atisbo de lucimiento. El extremeño, torero de recursos y conocimiento, robó muletazos donde no los había, exprimiendo cada embestida con técnica y paciencia. La espada, sin embargo, no acompañó en su primero, donde escuchó un aviso, y el resultado fue un paso en falso en una plaza que le había sido propicia. Se marchó de vacío, pero con la impronta intacta de su capacidad.

DAVID DE MIRANDA: DEBUT DE SEDA Y QUIETUD

El onubense comparecía por primera vez ante la afición de San Cristóbal y lo hizo con un concepto puro, asentado y de hondura. Desde el saludo a su primero quedó claro el tono de la tarde: cinco muletazos iniciales, de trazo largo y pulso sereno, sirvieron de prólogo a una faena de arquitectura clásica. Con las zapatillas clavadas, De Miranda se abandonó en naturales templados, de muñeca rota, y derechazos de mano baja, gobernando la embestida y alargando el viaje de un toro que fue, con diferencia, el mejor del envío.

La plaza, encendida por la cadencia y el sitio, llegó a pedir el indulto. El torero, fiel a su responsabilidad, prefirió rubricar el triunfo con una estocada en todo lo alto, contundente y sin excusas. Dos orejas de ley y vuelta al ruedo al toro, premio justo para un animal que sostuvo la música de la tarde. En el segundo de su lote, un manso sin celo ni transmisión, el onubense tiró de oficio y abrevió con pulcritud, dejando constancia de su madurez.

JESÚS ENRIQUE COLOMBO: EL MANDO DEL ÍDOLO LOCAL

Si De Miranda puso la seda, Colombo aportó el fuego. El tachirense confirmó por qué ostenta la hegemonía en su tierra. En el tercero, fue un torbellino de raza desde el saludo a la verónica, cargando la suerte y conectando con los tendidos. El momento álgido llegó en banderillas: tres pares soberbios, medidos y de exposición, rematados con un par al violín que puso a Pueblo Nuevo en pie.

Con la muleta, Colombo se adueñó de la escena, sometiendo las embestidas con valor y ligazón, cosiendo series que el público coreó con fervor. Un espadazo certero cerró la obra y el palco concedió dos orejas, ordenando además la vuelta al ruedo a los despojos del toro. En el sexto volvió a entregarse sin reservas, pero la falta de colaboración del astado y los fallos con el acero enfriaron el balance, quedando su labor en sonora ovación.

RECAPITULACIÓN

Con media entrada y un encierro que no ayudó, la segunda de Feria se sostuvo por el oficio, el temple y la entrega de quienes supieron imponerse al guion adverso. David de Miranda dejó carta de presentación con aroma a torería eterna; Jesús Enrique Colombo reafirmó su mando ante los suyos. Pueblo Nuevo, exigente y agradecida, premió la verdad con la salida a hombros y escribió una página de emoción bajo el cielo gris de San Cristóbal.

Ficha del Festejo:

San Cristóbal (Venezuela). Plaza de toros de Pueblo Nuevo. Segunda de la Feria de San Sebastián. Toros de Los Aránguez desiguales de presentación y juego; el segundo, premiado con la vuelta al ruedo. Emilio de Justo: Silencio tras aviso y Silencio. David de Miranda: Dos orejas y Silencio. Jesús Enrique Colombo: Dos orejas y Palmas.

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