El curso práctico realizado en Fosca (Cundinamarca) el sábado 10 de enero dejó una huella profunda en la formación taurina de los alumnos de la Escuela Taurina de Une, combinando exigencia técnica, transmisión de valores y una masiva participación juvenil que convirtió la jornada en un verdadero acto de pedagogía y emoción torera.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Manizales – Colombia. La ciudad de Fosca (Cundinamarca) se convirtió el pasado sábado 10 de enero en un escenario de aprendizaje real, emoción contenida y autenticidad taurina, al albergar un curso práctico que trascendió la mera enseñanza técnica para consolidarse como un auténtico ejercicio de transmisión cultural y artística del toreo.
En el marco de esta jornada formativa, tres alumnos de la Escuela Taurina de Une (Cundinamarca) enfrentaron el compromiso mayor que puede tener un aspirante a torero: ponerse delante de la casta, asumir la responsabilidad del cite, medir el terreno y expresar, con cuerpo y alma, lo aprendido. Para ello, se lidiaron dos becerras limpias, bien presentadas, que permitieron evaluar no solo el conocimiento técnico de los alumnos, sino también su temple, colocación, valor sereno y capacidad de interpretación.
El curso tuvo carácter de examen práctico, supervisado y evaluado directamente por su maestro, el profesional Nicolás de San Juan, quien siguió cada muletazo, cada lance y cada decisión tomada en la cara del animal. La prueba fue aprobada, dejando constancia del progreso y la correcta asimilación de los fundamentos taurinos impartidos en la escuela, desde el manejo del capote hasta la comprensión de las distancias, los tiempos y la lidia ordenada.
Tras la presentación formal de la Escuela Taurina de Une, el evento adquirió una dimensión aún más significativa cuando se realizó una invitación abierta a los asistentes para vivir, de primera mano, la experiencia de situarse frente a un ejemplar de casta. Fue en ese momento cuando la jornada alcanzó un matiz profundamente simbólico: la pedagogía taurina se abrió al público, rompiendo la barrera entre espectador y protagonista.
Lo verdaderamente extraordinario fue la notable participación de jóvenes, muchos de ellos sin experiencia previa, que aceptaron el reto de sentir la embestida, de buscar la colocación y de intentar, con respeto y emoción, pegar un lance. En sus gestos se percibía la sorpresa, el miedo natural y, sobre todo, la hermosura del descubrimiento: comprender que el toreo no es violencia, sino liturgia, arte y diálogo con el animal.
Cada intento, cada paso al frente, se convirtió en una lección viva sobre el valor, la concentración y el respeto absoluto por la res. Bajo la guía atenta de los profesionales presentes, los jóvenes vivieron una experiencia que difícilmente se olvida y que siembra, sin duda, una semilla de comprensión y admiración por la tauromaquia.
Este curso práctico en Fosca reafirma la importancia de las escuelas taurinas como espacios de formación integral, donde no solo se enseña a torear, sino a entender el sentido profundo del rito, la disciplina del aprendizaje y la responsabilidad cultural que implica ponerse un traje de luces o simplemente empuñar un capote.
Fosca fue, por un día, ruedo, aula y templo, demostrando que el futuro de la tauromaquia se construye con formación, apertura, pedagogía y juventud comprometida. Una jornada que dejó huella, que habló con hechos y que recordó que el toreo, cuando se enseña con rigor y respeto, sigue siendo una expresión viva del arte y la tradición.























