El Juli le Llora a Madrid

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Foto: cultoro.es web aliada

Redacción: Eduardo Lozano

En el quinto después de mal mandar al cadalso al burel, Julián López llegó al burladero y se echó a llorar. Oculto de las miradas y con la rabia de un amor perdido, el maestro, le entrego sus lágrimas a la plaza de sus sueños; pero también a la plaza que más duro lo ha tratado en toda su carrera. Acaba de ofrendar a Madrid su vida entera mediante un ritual de pureza total. Después de romper a un duro Santacoloma, Julián López se hundió en el tiempo y barrió por la arena naturales que aún no habían sido concebidos en Las Ventas. Al toro lo pinchó dos veces porque matarlo de un estoconazo no podía ser parte de la realidad. Julián firmó la consagración de su concepto donde siempre lo soñó, y después en quedito, se le puso a llorar a Madrid.

En su primero segundo de la lidia ordinaria se veía venir la avalancha. Salió una estampa de burel; el cárdeno, de preciosas y serias hechuras a porciones iguales, fue para deletrear el toreo. Ya desde el capote Julián lo meció con la cadencia de un melancólico bolero. Manos bajas y figura hundida en los talones antecedieron a unas medias que fueron enteras. Con la muleta se abandonó a la dejación del toreo supremo entre molestos chillidos que impidieron la legítima erupción de la faena. El maestro madrileño administró la bravura (tiempos, distancias y toques) para que Bellotero mostrará su nobleza exquisita; eso sí, le faltó la humillación clásica del Santacoloma. Antes del estoconazo — contrario de tanto atracarse — dibujó en la ultima tanda un natural tan redondo como el propio ruedo. No sé pudo entender la actitud protagonista del presidente quien otorgó una oreja (casi mendigando) justo antes de que las mulillas arrastraran al animal; tampoco se puede entender que la petición para la segunda no haya tenido la fuerza suficiente para premiar una faena de dos orejas del tirón.

Nadie en la plaza vio tan claro al quinto como Julián. En las primeras tandas parecía que ni el mismo Cúchares se podía haber puesto delante. Sólo el Juli y sus arrestos tenían patente que aquello podía suceder. Vinieron dos coladas criminales por cada pitón, y eso olía empezaba a oler a formol. Con la muleta pendulante, el maestro fue acortando distancias y en la primera tanda completa le rompió por completo. Poco a poco, con muletazos de uno a uno se fue componiendo la melodía de la locura. Cruzando sus muslos siempre al pitón contrario y ofreciendo el pecho — así como le encanta al 7 — barrió por la arena todos sus sentimientos. Cada vez más despacio. Cada vez más corrosivo. Cada vez duradero (al grado del no olvido). La plaza hedía a esquizofrenia y el diestro, vacío de tanto sentir, hacía la tesis de su tauromaquia ante 24,000 afortunados. Con la mirada todavía llorosa y perdida, Julián López paseó por todo el redondel una presurosa vuelta en la tarde más importante de su vida en Madrid.

Morante no tuvo suerte. El primero embistió recto y fue costoso. En el segundo abrevió. Pablo Aguado tampoco tuvo una tarde memorable.

FICHA DEL FESTEJO

PLAZA DE TOROS LAS VENTAS, MADRID.

Cuarto festejo de la Feria de San Isidro. Lleno de no hay billetes.

6 TOROS DE LA QUINTA. Bien presentados y serios en general. Destacaron por su nobleza el segundo y por su fondo y transmisión el quinto.

  • Morante de la Puebla (gris perla y azabache) silencio y pitos.

  • Julián López (azul rey y oro) oreja y vuelta.

  • Pablo Aguado (verde hoja y oro) silencio y silencio.

INCIDENCIAS:

Iván García se desmonteró tras banderillear al tercero.

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